Editorial
Valledupar, Colombia
Lunes, 3 de Diciembre de 2007
Personaje del día
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El pueblo venezolano que votó en el referéndum que se sometió a su aprobación o desaprobación en el día de ayer, para que se pronunciara sobre una reforma a la Constitución de dicho país.

Un homenaje
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¡Lo mismo de todos los años!
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Inseguridad

Con tartamudos gritos de las armas automáticas rompieron la impasible frescura de las primeras noches decembrinas; absortos en el odio, sin preguntar identificación ni culpas, arrebatando el poder divino sobre la vida, los portadores de la muerte trajeron por enésima vez dolor a familias vallenatas.

Los barrios de la ciudad, sin interesar estratificación socioeconómica, sin distingos de clase social, hoy son víctimas del poder de las balas, que encuentran en la terraza de un hogar o en el jolgorio de un establecimiento público, el escenario perfecto para segar las esperanzas.

El jueves le correspondió el turno a un abogado de la ciudad. En una motocicleta, dotados de modernas pistolas con munición impecable e incluso con subametralladora en mano, cuyo porte es restringido para cualquier parroquiano y su tamaño imposible de ocultar en un puesto de control policial, los agentes de la muerte accionaron el golpeteo de la ráfaga que avisó el blanco en la humanidad del profesional y luego, con sevicia, el remate, la frialdad del sicario frente a la víctima inerme, descarga su arma sobre un cadáver, garantizando la labor cumplida.

El sábado fue un ex concejal de Valledupar. Otra vez la moto, a bordo de ella dos hombres con reluciente armamento y la ensordecedora repetición previa al silencio sepulcral; la invitación a un grado en compañía de su novia fue cambiada por la profusión de lágrimas de un desesperado padre que clamaba piedad al momento en que imponían el sello de garantía de éxito de la misión.

Así está nuestra capital. Cada vez cobran más víctimas los atracos, amenazas, crímenes selectivos y todo tipo de agresiones, que recuerdan esa época oscura de las comunas de Medellín y que gracias a Dios, la grandeza del pueblo paisa afrontó positivamente, cuando comprendieron que los flagelos esclavizantes de la sociedad debían ser superados.

Cosa diferente ha pasado con Cali y el Valle del Cauca, tal vez las administraciones sin compromiso decidido con la seguridad, promotores de un tejido social espontáneo, han dado margen a que la voluntad popular, por sí sola, busque los escenarios del entendimiento cierto; factor que los grupos armados han aprovechado para imponer su ley. Basta con mirar hacia Buenaventura, importante puerto, hoy minimizado por acción de los violentos.

Por efectos de la reinserción paramilitar y la presencia secular de los grupos guerrilleros en nuestra región, el caso de Valledupar y el Cesar necesita del gobernador y alcalde entrantes especial interés y decidido compromiso.

Con la legitimidad del pueblo, que copiosa y voluntariamente salió a elegir a sus dignatarios, no se puede negociar con seudo ideologías promotoras de la anarquía. El Cesar espera la redención en el orden institucional, la inversión social y el respeto por el disenso ideológico. Así tendremos seguridad.

Encomillables

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Hagase oir

La paz
Los que dicen ser los abanderados de los derechos humanos, que dizque andan buscando la paz, y si-multáneamente aumentan su poderío bélico, tan conocida y tan cierta, la máxima maquiavélica del Romano, si quieres la paz, prepárate para la guerra. Lo fundamental es derrotar la miseria, el hambre y mejorar los índices de desarrollo humano, pero el origen del Estado y su Razón de ser estriba en el hecho de que trabaja en favor de la minoría por privilegiada, y en contra de los desposeídos. Nadie puede ignorar que a mayor vio­lencia, mayor pobreza. Luis Pinto Gómez

El salario mínimo
Todos los años el gobierno y los trabajadores, representados en las centrales obreras, se enfrascan en disputas de orden económico, tratando de ponerse de acuerdo con relación a la fijación del incremento porcentual del salario mínimo. El editorial de este periódico del pasado 30 de noviembre se refirió a este espinoso tema y centró sus comentarios sobre el incremento que debe tener, aduciendo que éste se debe calcular, como se hacía en épocas anteriores, con base a la inflación del período que termina, en vez de calcularlo en el aumento de precios proyectado para el año siguiente, como lo propone el Banco de la República. Conforme piensa el editorialista esta medida es incoherente, ya que parte de una “posible proyección” como producto de un cálculo que varía y hay incertidumbre de si se pueda cumplir. En todo caso el aumento del salario mínimo, según los entendidos en esta materia, genera una disminución en el poder adquisitivo de los trabajadores, debido al jalonamiento de los costos inmediatos sobre la canasta básica. La única forma conocida hasta ahora para aumentar la capacidad adquisitiva de los trabajadores, es el crecimiento general de la economía (PIB), el cual sólo se logra mediante el fortalecimiento industrial y comercial; el aumento de las exportaciones; la disminución de la burocracia estatal y del presupuesto para la guerra; el aumento de la inversión en obras públicas; la disminución de la deuda y la contención de los elementos inflacionarios, como el aumento del salario por decreto. ¿Veremos algún día la revisión del modelo económico? - Rito Roa Ríos

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