Se refiere a quien toma la decisión de realizar alguna empresa, en la cual comprometa su: capital, inteligencia, gestión, esfuerzo, tiempo, dedicación y por qué no decirlo, hasta su tranquilidad. Sí, su tranquilidad. Por cuanto para algunos seres, loable por cierto, se dedican a realizar prácticas, que lejos de necesitarlas hacer, enredan su forma de existir. A guisa de ejemplo: quienes dedican su tiempo a obras sociales, las cuales no tienen ninguna remuneración, no obstante la satisfacción reemplaza todo el dinero del mundo. El caso de la madre Teresa de Calcuta, de la cual indican sus biógrafos, cuando atendía algún desechado social, leproso para mayores señas, éste le increpaba al verla haciendo con dedicación su trabajo y le decía “esto que usted hace, no lo haría por todo el dinero del mundo y ella humildemente respondía yo tampoco- entonces por qué lo hace – respondía: por el amor a Dios.” Qué bello ejemplo de servicio a los hermanos y exaltación al Padre Todopoderoso.
Nos parece oportuno hacer una especie de inventario sobre las cosas de las cuales podamos llegar a creer, somos autores. Comencemos pues. ¿Contribuimos a la construcción de un mundo en el cual podamos vivir tranquila y sosegadamente todos? Es decir, conservamos los elementos puestos a nuestro cuidado, para cada vez hacerlos más hermosos, útiles y apropiadamente esgrimidos o por el contrario, atentamos contra su continuación. ¿Hacemos los aportes correspondientes a los tributos, de acuerdo a nuestras sensibles rentas? De ellos depende el que un estado de derecho social, pueda realizar las obras que la sociedad demanda. ¿Asumimos el papel de veedores sobre la utilización de estos, “nuestros aportes” o sencillamente nos dolemos cuando son despilfarrados? Aquí todos y cada uno de los ciudadanos deben hacer valer sus derechos como auditores de las obras realizadas. Y por supuesto actuar en consecuencia. ¿Con nuestro ejemplo al actuar, somos paradigmas, en la búsqueda de la convivencia ciudadana? Si así es, cuál es la razón para que se enseñoree la intolerancia en nuestras comarcas. ¿Aportamos para que el modelo educativo forme verdaderos ciudadanos, antes que profesionales, o por el contrario dejamos que las cosas continúen dando las consecuencias que usufructuamos? La plataforma para el desarrollo económico, está sustentado en la educación democrática, donde se pueda acceder sin tantos aspavientos sino como un derecho individual e irrenunciable; debe ser una verdadera renovación social. ¿Aportamos de sí, para que cada día sea mejor el vivir en las ciudades, respetando los derechos de los demás? Por decir algo: dejamos los andenes libres o los ocupamos en actividades para las cuales no fueron imaginados; contaminamos el ambiente, por ruido, basuras, vallas, aguas negras, etc.; ayudamos a nuestros semejantes en los momentos difíciles o sencillamente continuamos con nuestro destino. ¿Somos solidarios? No es solo en dar dádivas, sino en el acompañamiento hasta cuando se supere la dificultad. ¿Sentimos verdadero amor por nuestra geografía? O simplemente la calificamos como nuestra, a ultranza. En fin de aquí puede surgir cualquier cantidad de interrogantes en la mente de cada uno de nuestros distinguidos lectores, les dejamos a su libre albedrío su propia colección.
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