Editorial
Valledupar, Colombia
Jueves, 27 de Marzo de 2008
Jose Gregorio Diaz
Oikos
Jose Gregorio Diaz
Josegre71@terra.com

La crisis diplomática que acaba de detenerse con nuestros vecinos, termina por desnudar la alta vulnerabilidad de nuestros sectores económicos para con el frente externo. A nuestras empresas y a las expectativas de rendimiento de capital de nuestros inversionistas, les afecta mucho más las tensas relaciones políticas y de convivencia con los gobiernos prosocialistas de Venezuela y Ecuador, que el manejo que la FED le da a las tasas de interés de los Estados Unidos. La frontera comienza a demostrar a nuestro rico triangulo industrial: Bogotá, Medellín y Cali, que es más que una línea política de soberanía entre Estados; toda una red de articulaciones familiares, interpersonales, políticas y productivas que se ha conformado desde hace más de 100 años, cuando el desarrollo político e industrial del país se consolido en el centro de la república.

Las fronteras con Venezuela y Ecuador son escenarios geopolíticos que han desarrollado una particular forma de compenetración, que conlleva a muchos de sus pobladores a un análisis propio: las relaciones de las clases dirigentes de Bogotá, Caracas y Quito es bastante ajena a la realidad social y económica de los habitantes de los departamentos, estados y provincias que comprenden y soportan todo un complejo capital social vinculante. Las redes sociales que trabajan en la frontera son conformadas en base en las relaciones de intercambio y movilidad de mercancías y personas que se desarrollaron en estas zonas, donde la libertad de acción era una constante aceptada por todas las autoridades.

Esta libre movilidad ha permitido que los pobladores de las fronteras ser permeables a las situaciones cambiantes de los fenómenos económicos, si hay crisis o bonanzas a u lado u otro, estas comunidades han demostrado una excelente condición a la adaptación de las circunstancias. No solamente economías como Maicao, Cúcuta, Punto Fijo o Tulcán, florecieron por la dinámica del comercio fronterizo, también regiones próximas que se especializaron en producción de manufacturas se benefician de esta situación. No se puede olvidar el llamado de los gremios de la economía al Gobierno, para que arreglara las cosas por la vía diplomática, pues la amenaza de romper relaciones diplomáticas y comerciales, traería como consecuencia la pérdida de empleos, un retroceso social que golpearía en su diseño la actual política social.

A diferencia de nuestros vecinos, la crisis diplomática de la última semana, nos mostró que después de más de treinta años, de apostarle a la diversificación de la economía y de jalonar el crecimiento a través de un sector externo pujante y emprendedor, los colombianos se han beneficiado de esta política. Las cosas se resolvieron por la vía política, pero no es suficiente, ante vecinos tan asimétricos a nosotros.

Josegre71@terra.com

Derechos Reservados © 2007 Valledupar - Colombia. Prohibida su reproducción total o parcial, sin autorización escrita de su titular