El cómo piensan y actúan los seres humanos debe ser la incógnita aún no resuelta y despejada por el mismo hombre desde que aparecieron los primeros seres pensantes sobre la faz de este planeta. El hombre tiene un don único que ningún otro ser viviente sobre la tierra tiene. Como seres racionales y pensantes somos capaces de crear paraísos e infiernos; vida o muerte; alegrías o tristezas; dolor o placer; éxitos o fracasos; amor u odios. En fin, como seres racionales todo un menú de virtudes y defectos son parte inherente a nuestra condición única (hasta ahora) de seres humanos pensantes.
Apología esta que traigo a colación hoy, porque lo que queda como reflexión ante tanta actitud errónea sobre las realidades que a diario padecemos por lo menos merece un análisis que no pretende en ningún momento tratar de entender algo que de por sí no tiene entendimiento alguno. Aún más claro, no pretendo dar lecciones ni cátedra de algo cuando yo mismo he caído en errores en el pasado, creyendo y dando fe de algo que nunca ha sucedido y me he esmerado en dar por cierto en este sentido cosas que no lo son. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
La praxis de la investigación, tanto aplicada como científica, siempre ha llevado al hombre al indagar sobre lo desconocido o para dar respuesta a situaciones que en un momento eran nuevas para el real saber del hombre en cualquier etapa de la humanidad. La idea es que el hombre siempre ha recurrido a la investigación para por medio de la formulación de hipótesis dar veracidad a una serie de argumentos. En áreas como la lógica y matemática, se define una hipótesis como una proposición de la que se parte para comprobar la veracidad de una tesis mediante argumentos válidos.
En fin, el hombre pensante recurre a estos planteamientos antes de dar por cierta una afirmación exacta. Esta es la teoría, pero en el mundo real estos planteamientos van en un vía muy distinta a lo que mandan los cánones más tradicionales o científicos. Todo depende del visor que queramos colocarle. En el transcurso de esta semana me encontraba en la reunión de área del departamento de Administración de Empresas en la UPC y fui testigo de una airada intervención de un compañero docente que increpaba con argumentos contundentes y en tono de voz bastante elevado una noticia que ni yo mismo podía creerla. Era tanto la elocuencia con la que argumentaba su posición que terminé por creer lo que éste decía. En ese ir y venir de ideas y comentarios ante lo denunciado, otros compañeros docentes reafirmaban los argumentos expuestos.
Denunciaba el docente que la UPC por negligencia de su actual administración había devuelto al gobierno nacional tres mil millones de pesos que no fueron gastados el año inmediatamente anterior. El asombro y la sorpresa no era para menos, una institución con transferencias del Estado tan bajas y con tantas necesidades como la de pagar mejor las horas a sus docentes catedráticos no podía cometer semejante adefesio. Me tomé a la tarea de investigar lo realmente sucedido y lo encontrado era completamente diferente a lo denunciado. El Consejo Superior Universitario de la UPC mediante acuerdo incorporó al balance de la misma universidad para este año 2008 unos recursos que quedaron de la vigencia 2007. Recursos estos que más o menos son tres mil millones de pesos y que entran a fortalecer en buena hora las pobres finanzas de la universidad para este año. ¿Cuál realidad creer? Lo mejor es que muchos creyeron esta mentira y se han encargado de repetirla una y otra vez sin indagar la verdad de los hechos. Moraleja: Una mentira repita cien veces, se convierte en una verdad.
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