Editorial
Valledupar, Colombia
Jueves, 27 de Marzo de 2008
Luis Mendoza Sierra
Primíparos adelantados
Luis Mendoza Sierra

En el Cesar nos hemos adelantado a muchas regiones que han comenzado a preocuparse, como nosotros, alrededor del divorcio, el desentendimiento o la escasa integración que se produce entre el sector productivo y la academia, con un espectador pasivo y nada proactivo: el sector público.

La integración de estos actores es, absolutamente, necesaria y conveniente para el futuro de la región. Ahora, no es estar juntos por estarlo, no. Es dirigir los esfuerzos a la conquista de un escenario que privilegie y potencialice la oferta educativa pertinente, con calidad y con proyectos de investigación que respondan a las necesidades del sector productivo.

Hoy, cuando se anuncian foros y eventos en ciudades como Bogotá, o el que se hizo en Montería, o los que se anuncian en otras regiones del país, hay un modelo, por lo menos en preocupación y algunas acciones por el tema, que es el Cesar. De manera casi silenciosa hemos venido con buena parte de la universidad, con escasa participación del sector público, especialmente del gobierno departamental, área de educación y con muy buena acogida del sector privado, trabajando formidablemente en este proceso que no solo busca alinear la oferta educativa del departamento con la demanda del sector productivo, sino también hacerlo con la investigación.

Universidades como la UDES, la UPC, la UNAD y en alguna medida otros centros de educación superior con sede en el departamento, el SENA, y la Comisión Regional de Competitividad, nos hemos constituido en mesa permanente para observar y analizar la problemática y delinear un proceso que nos permita integrar estos dos actores, o los tres, más bien, es decir la Academia, el sector productivo y el gobierno, en busca de la construcción de lazos directos y eficaces para que no sigamos en las mismas de siempre, echando para la calle lo que a la academia, sin mayor análisis, se le antoje o lo que cree, de buen fe, le sirve a la región; mientras el sector productivo sale a pedir a la carta, y tal vez reactivamente, los operarios o profesionales que requiere para cumplir su misión de genera riqueza y prosperidad.

Finalmente, tendremos entre todos, que comprometernos, a través de a firma de convenios, para que haya absoluta armonía entre los que unos ofrecen y lo que los otros necesitan. Que las universidades preparen el talento humano requerido, pero, que al tiempo, desarrollen las investigaciones que la región demanda para hacer más competitivo el sector productivo. Si de alguna cosa tenemos que estar seguros es que jamás alcanzaremos la competitividad que requerimos sino contamos con recursos humano capacitado y con investigaciones que nos orienten por el camino correcto de la innovación, incorporación de tecnologías al proceso productivo para la generación de valor agregado.

El sector público está llamado a participar porque no solo contribuye en el direccionamiento de la educación, sino que pueda hacer más atractivo el escenario para que las Universidades y los investigadores desarrollen mejor su tarea, a través de, verbigracia, estímulos incluidos los tributarios, y aportes para el desarrollo de este proceso.

Es cierto, no es solo pertinencia por pertinencia, sino también investigación pertinente, mecanismo de vinculación que involucra la gestión gerencial, el cambio de actitud de la academia y de la misma sociedad, hacia un consenso, que aporte el grado máximo para la competitividad.

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