Editorial
Valledupar, Colombia
Jueves, 27 de Marzo de 2008
Cándida Rosa Barrios Ortega
Mujer símbolo de grandeza
Cándida Rosa Barrios Ortega
candyba142@yahoo.com

Después del medio día, Marta salió al encuentro de Jesús cuando éste ya sobrepasaba los montes de Betania. Su hermano Lázaro había muerto hacía cuatro días y el domingo lo sepultaron en el panteón familiar, ubicado en el extremo de un jardín. Se acostumbraba cubrir la entrada de la tumba con una loza que encajaba y sellaba para siempre el camino hacia el más allá. Jesús no se había enterado de la enfermedad de Lázaro sino cuando ya estaba muerto. Algún mensajero le fue enviado pero tenían sus familiares y amigos tanta fe en Jesús, que pensaron que con las ocupaciones era posible que Lázaro resistiera y sería sanado al regreso del maestro. Las cosas no sucedieron así y Lázaro murió entre el desconsuelo y el desconcierto de los suyos. No se explicaban el por qué Jesús no se dio por enterado. Ya, encontrando a Jesús, Marta se le lanzó a los pies diciéndole: “Maestro, si hubieses estado aquí, mi hermano no hubiese muerto”. En el camino hacia la tumba, Jesús lloró.

No pretendo relatar el episodio de la resurrección de Lázaro. Es el episodio más difícil, de explicar a la mente humana. Para creyentes o no, en esta pasada semana, en la que el cristianismo renueva toda la belleza de una historia o mito como se la quiera concebir, nos hace pensar que la resurrección de los muertos es algo real. La vida humana continúa, tiene una función dentro del universo. Todos estos masacrados por los Paramilitares y Guerrilleros en una violencia inútil, serán vomitados nuevamente de la tierra -lo dice un Obispo Católico- y es la realidad, nada se podrá tapar con una loza como la de Lázaro.

Todos estos muertos resucitarán en la vida de otros, que harán la gran fraternidad, ya que el mismo Dios está en el corazón de los hombres. Este Domingo es un domingo de resurrección para los cristianos. Jesús después de la espantosa crucifixión, resucita de entre los muertos. Algo nos debe dejar aun a los indiferentes. Antes de su muerte, repasando el episodio de la sed de Cristo, todo parece estremecedor. Tengo sed, le dice Cristo a los soldados que vigilan su agonía. Un soldado ensarta en su lanza el corcho humedecido de una botella de vino y lo rosa en sus labios. Cuando escribo este artículo escucho por la radio el informe del gerente del Acueducto Metropolitano de Bucaramanga. En unos años, quizás en el 2010, tendremos racionamiento de agua, tendremos sed física de agua, además de la sed de justicia. No bastarán los embalses si se sigue deforestando y se continúa enviando CO2 a la atmósfera. Para entonces todos, lo único que podremos hacer, es proceder como el soldado romano. Pasarnos por los labios un corcho humedecido.

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