Dos eventos estaban en la mira de los latinoamericanos y quizá del mundo después de la ruptura de relaciones diplomáticas de tres países de América con Colombia, a raíz de los sucesos que tuvieron como epílogo la muerte del guerrillero de las Farc, Raúl Reyes. Los países fueron Ecuador, Nicaragua y Venezuela, los eventos eran la reunión del Grupo de Río en Santo Domingo, República Dominicana y el Concierto de La Paz sin Fronteras. Para hacerse en la frontera colombovenezolana en el, puente Simón Bolívar, sobre el rió Táchira, donde siete artistas internacionales, como siete son las notas de la escala musical, congregarían a más de cien mil personas asistentes que creen en la Paz más los millones que lo vimos por televisión en todas partes del mundo.
El sentimiento de creer en la Paz no es esperar solamente que quienes gobiernan nuestros pueblos nos concedan graciosamente la situación política de vivir en Paz al no anteponer sus caprichos y veleidades por encima de la tranquilidad de los que somos mayoría en todos tos países, no, eso se refiere a la exigencia que hacemos para que se cumpla el deseo, de la mayoría que es el de mantenernos en paz entre nosotros mismos y con nuestros hermanos ya que da la casualidad que somos hermanos de patria.
Imposible que nuestro ejército vaya a enfrentarse con los ejércitos de nuestros vecinos cuando todos, más de una vez, conformaron un sólo ejército, cuando fue un ejército creado no para sojuzgar a nadie ni para invadir a otros países, el nuestro, como el de ellos, son ejércitos libertadores, y de ninguna manera invasores y menos contra países hermanos ya que todos estuvimos juntos en Carabobo, Pichincha, Boyacá, Junín y Ayacucho que fueron las decisivas y en más de cuatrocientas que también perdimos juntos con los mismos héroes.
No se esperaba mucho de la reunión del Grupo de Rió, normal por tratarse de políticos, que imponen sus criterios, deseos, venganzas y revanchas personales por encima de los reales y verdaderos intereses de los pueblos que representan y gobiernan, pero, parece que por arte de birlibirloque, todo se arregló con abrazos y apretones de manos, cuando parecía que todo naufragaba; a todos nos dio la impresión que esos abrazos y apretones más bien han pospuesto o prorrogado otro final que no avizoramos. La última parte de dicha reunión a ratos pareció una payasada, se veía que lo que pasaba no concordaba ni correspondía con el lugar donde se estaba desarrollando dicha reunión. Más bien parecía que se tratara de un corto de Charlie Chaplin de Los Tres Chiflados. En fin, son políticos.
Por supuesto que seguimos desconfiando de los dos vecinos y aún del tercero, en el paralelo 82. En cuanto al Concierto de la Paz sin Fronteras, todo fue una sola alegría a lo largo y ancho de toda América, dos españoles, un dominicano, un venezolano, dos colombianos y un ecuatoriano, esculcaron con sus declaraciones y la interpretación de su música, los más recónditos lugares secretos de la emoción de quienes los escuchaban en vivo y por televisión, al punto que quienes los escuchaban pasaban de la risa al llanto y viceversa en una totalidad de emoción incontenible al comprobar que sí, que la hermandad de nuestros pueblos de la que tanto se ha hablado, era y es verdad de a puño, que nuestros pueblos están vacunados y blindados contra la guerra porque ninguno la quiere y menos contra nuestra propia gente que son los otros latinoamericanos.
La moraleja del o de los episodios es que los gobernantes, duren lo que duren gobernando, son flor de un día en la vida de los pueblos, y que lo que permanece, lo inmanente, lo inmarcesible, es el pensamiento que el pueblo tenga acerca de las cosas. Muy infelices serán, aunque mucho gobiernen, los que no lo interpreten o haciéndolo, no sigan sus consejos.
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