Editorial
Valledupar, Colombia
Jueves, 27 de Marzo de 2008
Antonio María Araujo Calderón
La obligación de los balances
Antonio María Araujo Calderón
amaraujo3@hotmail.com

Sin duda, la crisis fronteriza con Venezuela y Ecuador de los últimos días y el posterior reconcilio diplomático en el marco de la cumbre del Grupo de Río, en República Dominicana, necesariamente dará paso a balances en lo económico, político y de seguridad, que si bien es cierto algunos no se difundirán como un suceso noticioso, si servirán de insumo a los gobiernos, para fijar ulteriores posturas frente a similares eventos.

Es importante destacar que nuestro país salió victorioso del proceso porque dio de baja a un líder de las Farc, así fuese en territorio extranjero, que era el segundo en la jerarquía subversiva, pero el primero y máximo jefe en el poder. A este hecho le sobrevino la satélite protesta ecuatoriana, oficialmente por violación a su soberanía, también la desafortunada e irresponsable verborrea antiuribista del presidente venezolano, Hugo Chávez Frías, con minuto de silencio a bordo, por la muerte, según él, de un gran revolucionario. Y para terminar el cuadro, Nicaragua; sin nadie invitarlo a la fiesta, se desgreñó y rompió relaciones unilateralmente, también en ‘solidaridad’.

La Organización de Estados Americanos, OEA, se abstuvo de condenar a Colombia y exigió que ofreciéramos excusas a Ecuador, aparecieron los paliativos documentos en el computador de alias Raúl Reyes y en el cercano horizonte surgió la cumbre presidencial en santo Domingo, sobre la que sucederían hechos impensables, incluso para el presidente ecuatoriano Rafael Correa, a juzgar por su reacción grosera luego de la profusión de abrazos y sonrisas, de los personajes que hacía pocos minutos se miraban con reserva.

Creo que una inmensa mayoría de compatriotas hoy estamos orgullosos de la estratégica capacidad del presidente colombiano, suficiente para voltear el ambiente hostil del recinto; primero, porque realmente si traspasamos con nuestras armas la frontera ecuatoriana y segundo, porque es indudable que el presidente venezolano, en estos momentos ejerce especial liderazgo ideológico en la zona, debido a que capitaliza el descontento latinoamericano, frente al desdén histórico de los Estados Unidos hacia unos países, a los que considera el patio trasero de su casa; ayudándolo también, el apetito a sus inmensas reservas de petróleo, disponibles para sus amigos, tal como lo expresó al inicio de su magistral intervención.

El presidente Chávez también sacó su tajada porque en una conciliadora e inesperada pieza de oratoria, jamás escuchada de sus labios, fijó las pautas de la conciliación que permitiría reanudar multilateralmente de relaciones diplomáticas y económicas con Colombia, ganándose el detalle amistoso de no denunciarlo ante la Corte Penal Internacional, por apoyo y financiación a grupos terroristas. Así ganó en lo personal y de paso complació al pueblo venezolano, contrario desde siempre a las caprichosas medidas de su presidente.

Al que peor le fue, acorde a su dura expresión facial, fue al presidente Correa del ecuador, quien al momento de recibir el saludo de su homólogo colombiano, más parecía el reflejo del descontento hacía el que en ese momento lo hacía conciliar, luego de embarcarlo en un corto, intenso, insultante e irracional conflicto diplomático entre dos hermanos países, a los que debe unir la cooperación espontánea en la búsqueda de espacios de convivencia y desarrollo de sus pueblos. Nicaragua se limitó a ponderar el éxito de una fiesta a la que no fue invitada. Viva Colombia.

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