Editorial
Valledupar, Colombia
Jueves, 27 de Marzo de 2008
Rafael Oñate Rivero
“Cachao” López, como su ritmo no hay dos
Rafael Oñate Rivero

Eso era; una leyenda inigualable de la Música Cubana, que en las últimas horas tomó la decisión de partir caminando por el sendero que bordaron, Tito Rodríguez, Benny Moré, Dámaso Pérez Prado, Tito Puente, Francisco Repilado, Ibrahim Ferrer, Celia Cruz y Pedro Night, solo por enumerar a unos cuantos portentos de la prodiga obra musical Cubana, edénico lugar donde por situación mágica inimaginable los músicos nacen por doquier como un accidente natural incrementando el sabor Caribe.

Me refiero a la triste defunción de Israel “Cachao” López, quien dejara de existir en el amanecer del pasado sábado, después de trasegar por lo escenarios de la vida durante un periplo de ochenta y nueve años, llevándose entre sí, el más sonoro de los elogios en afirmación al dechado de virtudes en que se constituyó su vida artística, un virtuoso del contrabajo, compositor y arreglista inagotable, guardián perseverante de una tradición folclórico-cultural que ha influenciado a todas las músicas del mundo.

Sí era eso; el amo y señor de la gracia y el donaire del danzonear, creador por antonomasia del mambo, aire al que le entregó vida y pasión creativa al lado de su hermano Orestes, cuando ambos integraban la Orquesta de Arcaño y sus maravillas, hasta identificarlo como un género autóctono de su cuba natal y constructor sin igual de las tradicionales-Cuban Jazz Sessions In Memorian-amoldadas a su estilo único y sin igual que le permitían retozar en la imaginación sin límites e inspirarse discurriendo largos compases vertidos en descargas o improvisaciones rítmico-instrumentales afrocubanas.

Andrés Arturo García Menéndez; resumido en su nombre artístico de Andy García, también cubano como él, lo llevó de la mano a conquistar el Premio Grammy por derecho propio; a la vida y obra de un Maestro de la Música Latinoamericana a través de los álbumes-Sesiones Maestras-Volúmenes, I-II, de quien diría en sus momentos de raciocinio.“Cachao”, llegó a ser, sabiduría, cuidado, inspiración y pasión personificada en la creación e interpretación del pentagrama cubano.

A más de ser; un mito de la música cubana, su vida era un equipaje ambulante de anécdotas que él mismo subrayaba con toda gracia y desenfado; surge en una familia de contrabajistas, su padre, su madre, su hermano y él, contando además que después de cuarenta años de vivir en Miami se enteró que en la prole familiar ya habían más de treinta y cinco bajistas en la dinastía. Su orgullo ancestral era el haber nacido en 1918 en la Habana en la misma casa donde nació Jose Martí, héroe de Cuba, donde también nacieron sus hermanos, con tan mala suerte que todos los 28 de Enero del mundo tenían que trastearse hasta el otro día por la celebración del natalicio del patricio, peripecia que duró hasta que el gobierno declaró al inmueble monumento nacional.

Se fue “Cachao” López, el rey de todas las referencias musicales, del Mambo, del Danzón y la descarga, llevando a cuestas la voluminosa carga del instrumento que le consagró y ahora inmortalizará su estilo. Afro caribeños del mundo, sin discusión, como el ritmo de “Cachao” López no hay dos.

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