Invitado por la reina Isabel, el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, llegó a Gran Bretaña acompañado por su esposa, Carla Bruni-Sarkozy, para una visita de Estado llena de pompa y protocolo, que espera inaugurará una “nueva fraternidad franco-británica”.
Sarkozy y su esposa que vestía un discreto abrigo gris de la casa Christian Dior, con un sombrero a juego y zapatos planos fueron recibidos en el aeropuerto de Heathrow por el príncipe de Galés, heredero de la Corona británica, y su esposa Camilla, duquesa de Cornualles.
El príncipe besó la mano de Bruni, una ex modelo y cantante italiana de 40 años que el jefe de Estado francés, de 53 años, conoció tras su divorcio, en noviembre, y con quien se casó en febrero.
La pareja presidencial partió luego en convoy a Windsor, a unos 40 km de Londres, donde fue recibida por Isabel II y su esposo, el duque de Edimburgo, con todo el fasto y pompa de la corte británica: carrozas, banderas, caballos, himnos.
Carla Bruni-Sarkozy cuya primera visita de Estado como primera dama francesa coincidió con el anuncio de la casa Christie’s de que va a rematar una fotografía suya desnuda, tomada en 1993 - hizo una pequeña reverencia a la reina, quien vestía un conjunto de tonos claros, acompañado de un sombrero con plumas.
Sarkozy y la reina partieron luego en una carroza dorada al majestuoso castillo de Windsor, donde pernoctó la pareja presidencial y donde Isabel les ofreció un banquete, al que estaban invitados líderes políticos, entre ellos el primer ministro Gordon Brown y figuras de las artes y los negocios.
Por su parte, la ex super modelo, que lucía muy poco maquillaje, acompañó al esposo de Isabel en una carroza, que entró al castillo de Windsor por la puerta principal.
Tras el almuerzo, Sarkozy, que llegó al Reino Unido en medio de una ofensiva diplomática que busca redorar su blasón, se desplazó a Londres para pronunciar un discurso ante la Cámara de los Comunes y de los Lores, reunidas en Westminster.
Enfatizando ante los diputados británicos la historia y los valores que comparten los dos países, el jefe de Estado francés suscitó aplausos, al llamar a inaugurar una nueva era, marcada por la “hermandad”.