Decenas de bloqueos de rutas provocaban el desabastecimiento de alimentos en Argentina, en el decimocuarto día de una huelga agraria en los ricos campos de la soja, que derivó en un enfrentamiento político a gran escala entre partidarios de la presidenta Cristina Kirchner y la oposición.
Las medidas de fuerza en el campo recrudecieron este miércoles, luego de que miles de activistas opositores al gobierno salieron a las calles de Buenos Aires en apoyo a los huelguistas, tras un discurso en el que Kirchner los acusó de extorsionadores.
El ministerio de Defensa ordenó al Ejército enviar ganado vacuno a los frigoríficos, para suplir los faltantes de carne, uno de los principales productos de la dieta de los argentinos, que consumen un promedio de unos 74 kilos anuales per cápita.
Los productores agropecuarios en rebeldía mantenían los cortes y actos de protesta en un centenar de rutas del centro-este de Argentina, donde el cultivo de soja ocupa más de la mitad de las 30 millones de hectáreas de superficie sembrada con granos.
El ministro de Economía, Martín Lousteau, artífice de un incremento tributario a las exportaciones de soja que desató la ira de los agricultores, calificó de irresponsables los huelguistas, y dijo que las protestas en Buenos Aires “fueron montadas por dirigentes que no están ideológicamente de acuerdo con el gobierno”.
Lousteau dijo que el paro agrario “linda con lo antidemocrático”, agregó que el gobierno garantizará el abastecimiento, y llamó a los productores a la cordura, tras ratificar el alza de impuestos a las exportaciones sojeras.
El ministro de Justicia, Aníbal Fernández, advirtió a su vez que no permitirá los bloqueos carreteros y que enviará a la cárcel a los agricultores que los lleven adelante.
“Si no se mueven de las rutas, los moveremos nosotros. Quien no entienda esas razones irá preso. Se buscará la vuelta para liberar los caminos y permitir que los artículos lleguen a los lugares de consumo” para evitar el desabastecimiento, dijo Fernández en declaraciones a medios locales.