El Festival Vallenato se ha convertido en la fiesta folclórica de obligatoria asistencia para autoridades civiles y militares, empresarios, periodistas, melómanos, consumados gozones e incluso para delegados internacionales y representantes de remotas culturas, a quienes desprevenidamente vemos deambular por las calurosas calles de Valledupar.
Este año, por gestión del despacho del Alcalde de la ciudad, específicamente por su Oficina de Protocolo, a cargo de Emma Bibiana Carrascal De La Peña, se logró captar el interés de doce embajadores, quienes vendrán desde los últimos días del mes de abril, a esperar los primeros de mayo, cuando conoceremos en su compañía, el ganador de la cuadragésima primera versión del certamen competitivo organizado por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata.
La idea es aprovechar la magia del festival, para estrechar lazos de amistad con los comisionados de otros países, facilitando la gestión de recursos económicos en el marco de las banderas de inversión, programadas por cada una de las casas diplomáticas. Por ejemplo, la embajada japonesa se interesa por el sector salud, sobre todo por la infraestructura de los centros de salud, por lo tanto, hacia allí deben estar encaminadas las propuestas de inversión, materializados en proyectos; al de Cuba lo mueve la erradicación del analfabetismo y al de Egipto la promoción cultural.
Entre la delegación internacional viene el Embajador de la India, Deepak Bhojwani, abanderado del desarrollo y tecnología, quien de inmediato se interesó por la región, atraído por un elemento de la gastronomía de la zona; degustado por él en algún momento, cuyo nombre no sabía y que, en su difícil español, se deducía como un pan delicioso de forma redonda, con un huequito en el centro. Ante la dificultad para hacerse entender, pronunció las mágicas palabras que volvieron pequeño el mundo, Internet. Se intercambiaron correos electrónicos y vaya sorpresa para la funcionaria, apareció en la pantalla de su computador portátil, la fotografía de una deliciosa almojábana de La Paz.
Por aquí sabíamos de las caridades exquisitas de este producto a base de maíz y queso, preparado por manos femeninas en hornos de barro y que además de permitir el sustento diario a muchas familias del municipio de La Paz, impuso el gentilicio de ‘almojabaneros’ a sus habitantes. Es tal su magia, que en oficinas, bancos y todo tipo de entidades de cualquier rama del poder público, con solo llevar unas almojábanas, el resultado de la gestión se vuelve más expedito.
Lo que jamás se imaginó nadie, era que el embajador de un lejano país, con costumbres y gustos gastronómicos muy diferentes a los nuestros, abiertamente manifestara su agrado por la apetitosa vianda. Aún desconociendo totalmente el proceso de fabricación y los hábitos alimenticios de la región.
De tal manera que estamos frente a una inmensa oportunidad, para que las autoridades locales aprovechen la situación y luego de homenajear al diplomático con una excelente muestra de lo que algunos califican como “el segundo pan del mundo”, sienten las bases de una prolífica diligencia en el ámbito de la cooperación internacional. Son las bondades del Festival, manos a la obra.
Otros Editorialistas