Editorial
Valledupar, Colombia
Viernes, 9 de Mayo de 2008
Jose Gregorio Diaz
Oikos
Jose Gregorio Diaz
Josegre71@terra.com

El sector agropecuario vuelve a revestir de interés a todos los responsables de pensar las políticas de abastecimiento de mercados: la demanda por alimentos amenaza con distanciarse cada día más del punto de equilibrio con la oferta. En conclusión se habla de un exceso de demanda sobre la oferta, o lo que es lo mismo los alimentos no alcanzan para la satisfacción de alimentos para las personas y el aumento en los precios de éstos es una constante para esta situación. Pero esta situación no es originada en el país, proviene de otras partes del mundo y sus causas son distintas, incluyen el despertar de las economías de las naciones más pobladas del mundo: China e India, que viven una fase de expansión en bienes, servicios e ingresos, capaz de concentrar una alta proporción de los cereales del mundo. También existen juegos de especulación financiera en las bolsas de granos y demás servicios del sector agropecuario con recursos de otros sectores económicos. El fenómeno climático obviamente no podía ser ajeno a esta situación, y obviamente, la creciente necesidad de establecer más hectáreas de agro combustibles y menos áreas dedicadas a la producción alimentos.

Los responsables de las políticas rurales están sumidos en el diseño de políticas de reactivación en la producción de alimentos, pues la amenaza de una hambruna no ha sido descartada en varios puntos del globo terráqueo. Curiosamente las regiones más pobres pueden sucumbir ante esta situación. La discusión gira en torno nuevamente de la hipocresía de los países ricos y su terquedad dirigida para sostener altos subsidios a sus productores locales y barreras invisibles de entrada a productos alimenticios de otras partes; pero la dimensión del problema hace que las políticas nacionales se orienten a resolver un problema de seguridad alimentaria, cuyos efectos locales serían nefastos para los indicadores y propósitos de desarrollo social.

Sería interesante que el Gobierno imprimiera consistencia a su política agraria y cumpliera con las promesas hechas a todas las comunidades rurales, sobre todo a las más necesitadas de solucionar sus problemas: desplazados esperando por tierras, vulnerables sin acceso a sistemas de agricultura comercial, pequeños productores esperando por crédito y comercialización, adecuación de tierras y riego, etc. El momento que se avecina es propicio para que de verdad despegue una política social agraria que tanto necesita el país y sobre todo el país que vive el conflicto y en cuyas manos queda la responsabilidad de nutrir los flujos de alimentos que necesitan las crecientes urbes del país. Esperemos que la oportunidad no sólo se presente para los que ya gozan del favorecido acceso a los incentivos de la actual política agraria.

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