Cotidianamente observamos toda una gama de actuaciones de los individuos, que nos ponen de presente el poco juicio y lo alocadas que son las formas de actuar de los seres humanos. Podemos pues colegir lo falto de sentido en las ocasiones en las cuales hemos de asumir posiciones frente a los fenómenos que se presentan a diario. Y de pronto todo esto se da, como consecuencia de lo sofisticados que pretendemos ser, cuando el sentido común manifiesta que se ha de ser sencillos, simples, amenos, descomplicados. Esto no significa que se hagan cosas, sin importar las consecuencias que ellas originen. Es más ser simple, no indica displicencia ni indiferencia, por el contrario ser simple, es sencillamente observar todo cuanto sucede en el entorno donde actuamos.
Cuanto nos está sucediendo es la consecuencia de no haber analizado, confrontado, verificado y sopesado los malestares que podrían acaecernos en el inmediato futuro, por nuestra alocada posición solo se veía los beneficios particulares, sin contar con el perjuicio sobre la colectividad. Todos aquellos proyectos que solo alcanzaron a arrancar, y en otras oportunidades, quedaron a medio camino, son la consecuencia del poco juicio aplicado a la forma de planificar los hechos. Es tan poco el buen juicio, que observamos todo en una forma indiferente, buscando siempre imponer la verdad que nos obliga, pero no la verdad que libera, que puede llevar a razonar y deducir situaciones altamente nocivas para unas relaciones sanas y constructivas. Son tan alocadas las decisiones que se toman que más demora anunciar lo pretendido, que indicado lo que ha de corregirse, sin darnos cuenta lo oneroso que resultan estas actuaciones. Corregimos a las personas que dependen de nosotros, en una forma tal alocada, que luego de haber indicado lo por hacer, nos aborda un complejo de culpa que nos coloca en una posición difícil de moderar: me sostengo en lo dicho o cedo ante lo lógico o asumo el sentido común. Frente a circunstancias adversas no asumimos con buen juicio la causal del suceso, sino que siempre estamos en la búsqueda de los culpables, cuando de antemano sabemos donde se encuentran, tales. Actuamos primero y cuando soportamos las consecuencias sobre lo actuado, empezamos a analizar y a autocensurarnos por nuestro proceder, castigándonos sin razón, por no haber previamente buscado respuestas más acordes con el caso en particular. Asumimos posturas de intolerancia, cuando se cuenta con un agradable trabajo, que lleva a cansarnos pronto de ello pero sin analizar lo bonito, constructivo y alegre que debe ser para cada cual la actividad a la cual se decida. Y esto no tiene sino una sola razón ver las cosas sin ningún juicio y actuar alocadamente.
Queridos amigos: es hora de que asumamos una opción crítica, el momento histórico lo demanda, que busquemos otras formas de resolver los intrincados conflictos que nos aquejan y que honremos a nuestros semejantes encontrando forma de solucionar, con verdadera sinceridad, acrisolada aptitud y humilde accionar, todas y cada una de las diferencias, que en lugar de alejarnos, parece ser que nos acercan. Esto no significa acaramelarnos, amontonarnos, sino por el contrario darnos cuenta de lo fácil estar cerca del prójimo y expresar de viva voz la satisfacción que ello causa. Por supuesto que habrá muchas diferencias en el ámbito de las interrelaciones, pero allí es donde surge la verdadera tolerancia, la ausencia de ofensas, y la manifestación de solidaridad y respeto por las decisiones de nuestros congéneres.
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