Editorial
Valledupar, Colombia
Miercoles, 9 de Julio de 2008
Luis Mendoza Sierra
¿Vivir para morir?
Luis Mendoza Sierra

Se fue Fabio Valencia de la Alta Consejería para la Competitividad, y dejó muchas cosas buenas y otras no muy. Aquí en el Cesar, por ejemplo, la afanosa decisión de conformar la Comisión Regional de Competitividad, como para que se cumpliera el cronograma y los logros cuantificables de alto asesor, dejó un ente famélico, balbuceante y agónico que ha comenzado a revivir para morir, sino se adoptan decisiones cruciales para su futuro.

Valencia ya no es el jefe y yo, formalizaré, ante la Asamblea de la Comisión Regional de Competitividad, la renuncia que ya he comunicado al Comité Directivo, del que, de paso, he recibió un fascinante y reconfortable respaldo, que agradezco infinitamente, sin que falten las excepciones para confirmar la regla.

El Ministro, quien prefiere que le digan de Justicia y no del Interior, demostró ser versátil. Funciona, excelentemente, en lo político como en lo técnico. La Competitividad en sus manos, ha alcanzado máximo fulgor y no dudo, que como hija suya, seguirá manteniendo su vigilancia y acompañamiento.

Pero, también, como en nuestro caso, hubo CRC, armadas a repelones, y sin que hubieran empoderado, al sector privado que en su gran mayoría, o no fue convocado o fue apático. Unos titanes, luchan por ganar espacios para las prioridades de la región, pensados como alternativa de prosperidad y no como respuesta a intereses políticos.

El panorama lo complica el hecho de que los actores públicos, son, casi siempre, inflexibles, sordos, ciegos; muchas veces mudos a los requerimientos del sector privado, que si bien tiene un interés, particular, es el único verdaderamente apto para impulsar el desarrollo económico regional.

Las relaciones entre los agente públicos y los privados, pero también conflictivas. Llegar a consensos en las prioridades no es cosa fácil. Los actores públicos en cabeza de gobernantes paridos de los vientres políticos, enfocan sus acciones más que como impulso del desarrollo y la prosperidad a intereses ideológicos, o de conveniencia personal o grupal, aunque, a veces hagan carambola.

En regiones en donde el musculo empresarial es frágil y, para colmo, con poca disposición hacia la asociatividad, son escasas las posibilidades de enfrentar con propiedad y altivez al sector público, que, con frecuencia impone con razones o con caprichos.

Esa es una cultura nacional, aunque, desafortunadamente, más arraigada en regiones como la nuestra, porque el papel de la empresa privada es desconocido, a veces ignorado, y muchas veces desdeñado. De allí que las estrategia de la Competitividad, promovida por el gobierno a través de la Alta Consejería creada por Fabio Valencia y para Fabio Valencia, y naturalmente, para promover crecimiento económico, fallara en la promoción del rol de la empresa privada no solo ante el colectivo, sino, de manera especial, ante los actores públicos.

Los gobiernos y los gobernantes tienen el compromiso de trabajar en alianza con la empresa privada y dar prioridad a sus proyectos dando solución a los requerimientos, que generalmente, son transversales, es decir, beneficia a todos.

La CRC fue determinante en plantear en el Plan de Desarrollo la búsqueda de condiciones para un territorio atractivo para la inversión. Pero no se puede olvidar que la inversión corre por cuenta de la empresa privada y que es más adecuado acompañar y promoverla que desestimularla. Aquí, siempre lo he dicho, los pájaros le disparan a las escopetas. Mientras otras regiones del mundo luchan por ofrecer condiciones para le empresa privada, acá lucha por llegar y en vez de consentirlas le se desestimula.

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