Las escandalosas revelaciones
Alvaro Martínez
Sobre corrupción son aterradoras, en casi todas las entidades estatales; quedando el 80% en la impunidad y el 20% parcialmente dilatadas con el tiempo y por la estructura o andamiaje de un sistema caduco, que las propicia como un engranaje, con la venia o agache de los entes de control. Sabemos que ella siempre ha existido, pero es que ahora como nunca, el deterioro es cada vez más evidente a todos los niveles, volviéndose como lo más normal y aceptado, haciéndonos partícipes o enlazados como un eslabón de una cadena, querámoslo o no.
La corrupción cuesta el doble de lo que cuesta la seguridad democrática y es su parte débil, privilegiada y protegida; en ésta se invierten dos billones anualmente y la corrupción nos cuesta a los colombianos 4 billones, también al año. Nos quitan, nos roban la plata de un desarrollo integral sostenible que de no acabarla, nunca nos llegará. Se sabe que si no fuera por las investigaciones no gubernamentales (Agroingreso Seguro), sino por las periodísticas de los medios de comunicaciones, denunciando a los entes de control, los cuales ni se enterarían, sometiéndose después a lo que ya está en el escarnio publicado, luego entran a desmentir a los medios para después terminar aceptando lo inaceptable, quedando en las mismas. Ni se recupera la planta, ni se sanciona con rigor a los verdaderos responsables, obligándolos a devolver lo robado, sino con la casa por cárcel o la domiciliaria y cuento acabado; para después lanzar familiares y seguir en el cuento político y el lector primario votando. Mientras el Estado y la sociedad no condenen y castiguen con rigor, esto se convierte en un verdadero círculo vicioso que da risa, al contrario, aplauden y dicen que sean bastante, para pagar abogados, etc. y pa’lante que no pasa nada con robarse los recursos del Estado: como los de la salud, educación y necesidades más primarias. Nos toca ver con resignación estos crímenes tan abominables como las violaciones. Por qué quitarle el pan a un niño en su desarrollo, lo es; solo que los primeros se les castigan severamente y no son funcionarios gubernamentales ni políticos, a los segundos se les alcahuetea y hasta se les disculpa con “el no tiene la culpa”.
¿Pueda ser, aunque no creo? que con el nuevo brazo o fracción especializada anticorrupción de la policía (600 hombres) que acaban de lanzar desde Popayán, le paren bolas, reforzando los entes o cimiento de controles básicos del país, como la Contraloría, Procuraduría, Zar anticorrupción, personería del pueblo, Fiscalía, Defensoría del Pueblo, en fin, uno más en el mosaico que entre más, más, procesos dormidos y aguantados, porque la verdad que “no hay cana pa’ tanta gente”.
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