Editorial
Valledupar, Colombia
Viernes, 27 de Noviembre 2009
Ernesto Páez
Gol
Ernesto Páez

Esencia del futbol, aquello que nos hace explotar en emociones hasta llegar al paroxismo cuando se obtiene el triunfo por parte de quien más logra encajar el balón en el arco del equipo contrario. Igualmente es el objetivo que se debe alcanzar, para lo cual se diseña, estudia, pone en práctica y arma en el campo de juego, todo un esquema estratégico y se diseñan las tácticas para superar al contendiente. Hemos de entender que todo esto lo hacen los directores técnicos, quienes sesudamente estudian la práctica de los equipos que han de enfrentar, pero el accionar es de exclusiva responsabilidad de los jugadores que ponen en industria el planteamiento que les indica el director técnico. Cuando no se obtienen los resultados que pretendían los planteamientos técnicos, viene la debacle. Otro elemento fundamental es contar con los recursos suficientes para realizar partidos de fogueo, donde se prueben los planes estructurados, donde se experimente, para luego sí, dominado el plan de trabajo, recibir las mieles de los triunfos. Acaba de terminar para nuestra gloriosa selección Colombia, la ilusión de alcanzar la clasificación para el certamen orbital del próximo año. Digo terminar porque ya no podemos aspirar a nada diferente de pensar en una inmediata oportunidad y desde luego ya se están cuestionando a quién se le debe inculcar la responsabilidad por este nuevo fracaso. Lamentablemente para este dolido, sufrido, atropellado país, es una cadena de constantes golpes de pecho; llevamos doce años mostrando los mismos resultados, mucho tilín, tilín pero nada de paletas. A nuestro particular sentir, todo cuanto se ha dicho es el reflejo de nuestra insulsa realidad, pero nos parece que hay cuestiones de mayor fondo. Veamos a dónde llegamos: primero que todo hemos de aceptar que la selección Colombia es la imagen de un país luchador, trabajador y dueño de orgullo patrio, que quienes lleguen a vestir su camiseta, deben sudarla, no modelarla; luego, insistimos, se debe fundamentar al jugador, que sepa de cuestiones sencillas pero importantes sobre su oficio: entiéndase, cuál es la finalidad de jugar al fútbol, cómo debe manejarse la pelota, cuál es el papel de los otros jugadores, por qué se habla de equipo, no de grupo, por qué participar en eventos de gran talla, etc., Construirles una mente ganadora, que siempre vean el arco contrario para introducir el balón, no el propio para evitar que les introduzcan la esférica.

Debe inculcárseles la disciplina, el respeto con sus manejadores, el acatamiento de las normas: de convivencia, de asistencia a los entrenamientos, la puntualidad a estos y todo aquello que indique trabajar para una causa; ha de enseñárseles a superar el criterio de salir a empatar un encuentro. Bien sea de local o visitante, se debe salir a ganar; han de desarrollar su propia táctica para definir situaciones complejas; deben comprender por qué deben desplazarse con agilidad, sensatez, tenacidad y coraje, han de conocer mentalmente todos los sectores de la cancha, en especial la localización y forma del arco, no arrugarse cuando el contendor es alto, rubio y de ojos claros; en fin, debe realizarse un trabajo de transformación mental, para luego sí asumir la formación técnica de manejo y conclusión en los goles. Obviamente requieren de dirigentes probos, honestos, independientes, paladines como individuos, prototipos de la rectitud, el encomio y la participación en el cambio mental que se pretende.

¿Será que se puede intentar para la próxima copa del mundo? ¡Amanecerá y veremos!

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