Se siente el fresco ya
Antonio María Araujo Calderón
amaraujo3@hotmail.com
Cuando leí la espalda de las camisetas del grupo representativo de manaureros que rindieron el pasado fin de semana un homenaje a varias personalidades, entre ellas al Alcalde de Valledupar, Luís Fabián Fernández Maestre, y al desaparecido ex Alcalde de Pueblo Bello, Giovanni Soto, pensé que sería un buen título para una columna, evocando el límite musical que el maestro Rafael Escalona puso entre dos pueblos hermanos al cantar “…al cabo rato, pasa por La Tomita, Manaure está cerquita, se siente el fresco ya…”.
‘La Nostalgia de Poncho’, es el nombre de la inmortal canción del maestro de maestros; cuando la compuso, esa zona era un solo municipio, Robles, ahora La Paz, pero las bondades del clima y la exuberante vegetación, ya marcaban la diferencia que con los años se constituiría en el límite convencional entre los Municipios de La Paz y Manaure, Balcón del Cesar. Me llamó la atención la leyenda en la franela porque en el fresco de la sierra, Escalona describe magistralmente la alegría que sentía el maestro Alfonso Cotes Queruz ante la cercanía de su tierra, pero sobre todo, por la proximidad al amor de su vida, ‘los tres monitos’.
Hubiese querido que el delicioso clima hiciera el mismo efecto en mí. La ausencia me hizo buscar en cada calle, en cada casa, en cada parranda, la alegría de mi compadre Hilis Plata, hoy en Canadá viviendo un exilio voluntario, compartiendo unos tragos de whisky con el sarcasmo izquierdoso del médico ‘Toño’ Araque; tampoco encontré las disertaciones del jurista Armando Calle en su kiosco parrandero, extrañé el coloquio amigable de ‘Chema’ Castro, José Santander Herrera y Pedro Montaño, con quien les dejé saludos. Sólo los hermanos Héctor y José Campo colmaron de atenciones a los visitantes, haciendo gala del más fino compromiso anfitrión, en una deliciosa tarde de amigos.
Mientras tanto, la multitud que todos los fines de semana se da cita en Manaure para oxigenar el tedio aburridor de la monotonía cotidiana con un poco de fresco natural, busca las atenciones de un pueblo turístico, sin encontrar en la mayoría de sus veces el alivio a sus apetitos, en la oferta gastronómica pública. Se nota que la administración municipal hace lo propio, cosa diferente a la de los dueños de establecimientos, quienes hacen padecer al turista, quien en no pocas ocasiones sale decepcionado del paseo que comenzó como la gran aventura ecológica y que termina como el obligado ayuno en las estribaciones de la Serranía del Perijá.
Manaure es un paraíso en el norte del Cesar, tiene lo más importante que es la calidez de sus gentes, sólo falta pulir la oferta turística para que en ese vergel enclavado en la montaña, tengamos un sitio al cual visitar cuando las dificultades nos pidan bocanadas de sano aire montañero.
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