Editorial
Valledupar, Colombia
Sabado, 28 de Noviembre 2009
Ernesto Páez
Conocer
Ernesto Páez



Cuando identificamos a una persona u objeto, solemos indicar que le conocemos pero realidad cuál es el significado de este vocablo. Si hiciésemos un análisis de la actuación frente a las preguntas, que se nos hacen cotidianamente, llegaríamos a la conclusión de que se requiere un esquema especial, para poder responder y de hecho así sucede. Cuando alguien, en la calle nos solicita orientación con relación a alguna dirección o ubicación geográfica de algún inmueble, de inmediato tratamos de colocarnos frente a lo averiguado, mentalmente, y si lo identificamos, de seguramente damos todos los pormenores para poder llegar allí, pero si no hemos experimentado su presencia frente a nuestros ojos, o por referencia, nos queda extremadamente difícil poder informar sobre lo demandado. En otras palabras, hemos de contener suficiente información para poder indicar que se conoce sobre algo. Se concluye: ha de haber una relación entre un sujeto y un objeto, idea, o situación; de lo contrario es tiempo perdido, además de equivocada la fuente de información. Así que conocer es una operación mental, pues en ella permanece la imagen o el texto o la situación vivida, entiéndase vivida es decir se requiere de la presencia de los actores (objeto, sujeto). Otra forma de evidenciar el fenómeno del conocer: jamás podremos hablar de un lugar que no haya sido observado o por lo menos referenciado, por otro, que si tuvo la fortuna de encontrarse frente a éste y narra su experiencia, entonces es cuando hacemos referencia a algo, si observado por cada cual en particular y así se le facilita indicar que se tiene alguna visualización. Conocer no es solo recordar, es evidenciar, frente a una particularidad, que permite realizar el esfuerzo de identificar plenamente de qué se trata, en cuántas oportunidades, realmente conocemos pero en un momento determinado, no podemos relacionar con nada específico inherente a lo referenciado y se nos hace imposible afirmar tal posibilidad, podríamos hasta llegar a concluir que es un fenómeno reflejo. Pues bien. En cuántas oportunidades tenemos frente así algo, real, de lo cual no sabíamos de su existencia y sin embargo manifestamos no conocer, pero una vez que relacionamos un elemento (objeto) con el ejercicio mental, de inmediato afirmamos conocer, y si continuamos sobre la faz de la tierra, serán múltiples las oportunidades de cada momento conocer muchas más cosas. Entonces, para afirmar que se conoce se requiere de una experiencia sensorial, canal de información de la mente, la cual guarda en sus vericuetos y conserva, hasta cuándo se hace necesario confrontar lo que se conserva acumulado frente a lo que se presenta constantemente, por ejemplo cuando un alumno o hijo pregunta sobre un tema en particular, si sabemos dónde encontrar la respuesta, si es que no se tiene a flor de labio, se recurre a la mente y siempre nos conduce por el laberinto del recuerdo, para buscar en algún lugar determinado, por ejemplo la biblioteca, donde se guardan la información universal, y se halla el texto, en el cual se presume se encuentra lo demandado. Como podemos observar previamente hubo un ejercicio de averiguación, uno de acumulación, otro de ubicación, y cuando se requiera la mente indagará hasta encontrar. Qué bonito trabajo, algo complejo ¡verdad!, pero así es la estructura de la mente humana, débil, pero oportuna, sencilla pero enorme en capacidad de respuesta, acumulativa pero ágil para responder, individualista pero solidaria, poderosa en volúmenes de información pero con capacidad para seleccionar solamente lo solicitado. ¡Vaya maravilla!

Derechos Reservados © 2007 Valledupar - Colombia. Prohibida su reproducción total o parcial, sin autorización escrita de su titular