¡Es sólo un esfuercito!
Cenaida Alvis Barranco
El caricaturista Matador y varios editorialistas más han cuestionado el aumento de las obligaciones fiscales a la clase media colombiana. Yo pregunto, ¿qué más estamos esperando los colombianos para empezar a exigirle a Uribe, que no al gobierno sino directamente a él como su único y todopoderoso timonel, que nos dé un descanso?
En medio de la crisis financiera hasta Bush se percató que debía darle un respiro al grueso de los contribuyentes y les fue aprobado un estímulo – es decir, una disminución de impuestos a todos y cada uno de los contribuyentes estadounidenses - cuyo principal objetivo era aliviar a una sociedad culturalmente cómoda con la idea de pagar sus impuestos de manera permanente.
Como si fuera poco, Obama determinó que aquel estímulo no era suficiente y otorgó otro cuya aprobación e implementación se surtieron de forma inmediata. Para nadie es un secreto que el gobierno estadounidense no pasa por su mejor momento fiscal, con las fluctuaciones incontrolables del dólar y su pérdida de capacidad con respecto a otras monedas, es mucho lo que se ha perdido en términos de las inversiones esperadas o posibles. No obstante, como la prioridad es mantener el flujo de la economía local y ante todo evitar asfixiar aún más al contribuyente primario, nadie se opuso a los famosos estímulos.
En Colombia, según los economistas, durante los siete años de Uribe se ha disminuido en por lo menos un 10% la capacidad adquisitiva de la gran mayoría de los colombianos, lo cual considerando la precaria capacidad del sueldo mínimo significa muchísimo para la economía familiar.
Como si aquello no hubiera sido suficiente, Colombia pese a las recomendaciones y la realidad internacional, paga una de las tasas más altas de gasolina en el mundo entero, nuestros precios superan ampliamente los de algunos países no productores. La pírrica reducción que con mucho dolor aprobó el presidente no alcanzó a afectar positivamente las consecuencias en la mayoría de los colombianos. Insisto: el precio de la gasolina influye directamente en los precios del flete y por ende encarece los alimentos transportados por esta vía, así que aquellos que pensaron que por no tener carro propio no estaban siendo afectados por esos precios, lamento recordarles ¡cuán equivocados están!
El espacio no me permite hablar de las inusitadas ganancias de los bancos que con la crisis están perdiendo en todas partes, menos en Colombia gracias a los favorecimientos de las leyes gubernamentales.
Finalmente, desoyendo a quienes se mantienen repitiendo la famosa frase: “es la economía, estúpido”, ahora se aumenta la carga tributaria en la clase media colombiana… con sorpresa veo que la gran mayoría sigue pendiente de si finalmente habrá Uribe III, ¿acaso no nos duelen nuestros bolsillos? ¿Qué estamos esperando para cambiar el discurso?
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