Ciencia-Tecnología-Innovación
José Horlandy Castro
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Estos tres componentes fundamentales en el progreso y desarrollo de los pueblos, constituyen factor indispensable en la ejecución de los planes de desarrollo de los países progresistas del planeta, que dedican buena parte del PIB a Ciencia, Tecnología, Innovación, tal como sucede en Israel que destina un 4% del PIB, Estados Unidos 2.8%, Europa 2.3%, Corea y Singapur 3%, en América Latina Brasil con 1.2% y Chile 1%. Colombia solo dedica 0.37%, participación exigua, frente a los millones de millones de pesos, que destina al sostenimiento de la guerra, cuyos resultados no se reflejan en la expansión del crecimiento empresarial del país, ya que paralelamente no se ha implementado un programa de estímulos e incentivos al fortalecimiento empresarial y a la creación de nuevas unidades productivas, especialmente en los sectores populares y de clase media, con el fin de bajar la tasa de desempleo y mejorar el ingreso en los hogares colombianos.
Al abandono notorio en el campo de la investigación, debe sumarse el divorcio existente entre los sectores público y privado, cada cual se blinda en su reducido espacio, sin dar oportunidad de complementar o combinar sus acciones, con resultados funestos para ambos, cuyas consecuencias, son más sentidas en los sectores vulnerables de la población, que cada vez ve más lejana la esperanza de reivindicación social y económica. En parte, esta situación es atribuible a la política centralista del gobierno nacional, que niega a los entes territoriales, los medios y mecanismos necesarios para estimular al sector empresarial; pero de otra parte, es característica de nuestros gobernantes locales, preocuparse mucho por la conformación y fortalecimiento de sus grupos politiqueros, más que por el cumplimiento de sus promesas electorales, las que bajo la gravedad del juramento, se comprometieron a cumplir al posesionarse. En lo que al departamento del Cesar corresponde, sobra afirmar que el sector agropecuario, pilar tradicional de nuestra economía, se encuentra a la deriva, sin rumbo fijo, por carencia de una política clara que estimule al productor a retornar a su actividad en el campo, además, el individualismo y la alta concentración de la tierra, son factores complementarios de la crisis, si esto sucede en lo rural, qué decir de los demás subsectores de la economía, como el industrial, apenas incipiente y el comercial que lógicamente depende de los primeros. Así las cosas, hacemos nuevamente un llamado al gobierno en todas sus instancias, a poner los pies firmes sobre la realidad, dirigiendo su mirada a fortalecer la investigación para determinar el rumbo del crecimiento social y económico en nuestro departamento.
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