Ovelio Jimenez Machado
El drama de un pobre campesino para acceder a un pedazo de tierra en Colombia
Ovelio Jimenez Machado
oveliojimenez@hotmail.com

En Colombia el acceso a la tierra ha sido históricamente una gran fuente de poder político y de conflicto social.

A raíz de esto se ha producido una gran crisis humanitaria que viven los campesinos hace más de 50 años, por un conflicto social y armado en el que la élite pretende defender su poder político y económico poniendo en riesgo derechos fundamentales, económicos, sociales, culturales y ambientales de los campesinos.

Ante esta grave crisis se debería hacer una reforma agraria que no sólo solucione el problema de la repartición de la tierra, sino que brinde condiciones de vida digna a los campesinos. En la actualidad, la política de tierras en Colombia ha servido más para generar un gran conflicto social y económico y no para solucionar los problemas de los campesinos.

Lo último que se inventó el Gobierno nacional fue la creación del Estatuto de Desarrollo Rural, que a grandes rasgos tiene tres grandes objetivos:

1. Este Estatuto compila todas las normas sobre reforma agraria. Se compilan 14 leyes, 5 decretos leyes y 27 decretos que están vigentes, de las cuales la mayoría dejan en situación de vulnerabilidad a la población rural.

2. Viabilizar el subsidio para proyectos agrarios, en los cuales habrá un proceso de convocatorias públicas abiertas, con el fin de otorgar el subsidio a los proyectos más rentables. Esto nos indica que los campesinos pobres y sin tierra no tienen la menor posibilidad de acceder a un crédito para trabajar la tierra.

3. Modernizar y reformar el Incoder para que funcione de manera más transparente, eficiente, equitativa y progresiva. A través de la historia de esta institución se ha demostrado que no ofrece una clara posibilidad de repartir la tierra equitativamente a los campesinos, por lo tanto su funcionamiento gira en torno a la lógica de que la tierra no es para quien la trabaja sino para el latifundista.

Es urgente contar con una propuesta de Reforma Agraria de largo alcance y contundente, concebida en términos de una política de Estado que trascienda los límites de una administración.

Para los campesinos hablar de reforma agraria significa terminar con una estructura que a través de la historia ha subordinado sus vidas, cultura e intereses, para decidir por primera vez en la historia de Colombia como sujetos sobre su destino como comunidades campesinas.

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