Siete antorchas de esperanza
Carolina Araujo Ovalle
jucaova@gmail.com
El pasado 21 de Junio se celebró con un acto religioso la ordenación sacerdotal de siete jóvenes que decidieron entregar su vida al servicio de Dios. En medio de tanta oscuridad en la que actualmente vivimos, es motivo de regocijo encontrar una luz y aún mejor si son siete… Siete luces que vivirán como antorchas de esperanza, alumbrando el camino de nuestra querida Valledupar, para regalarnos a todos las palabras que nos reconforten; para llevar a cada hogar la buena noticia del amor de Dios hacia nosotros. Oremos por todos ellos para que permanezcan firmes e inconmovibles progresando siempre en la obra del señor, consciente que su trabajo en el Señor no es en vano.
Esta ordenación sacerdotal debería ser para nosotros los vallenatos motivo de orgullo, ya que siete vidas se consagraron y serán evangelizadores de la palabra de Dios. Además también se lanzó la Gran Misión Diocesana por medio de la cual, en comunión con la iglesia latinoamericana, se evangelizará con el fin de llevar a cada hogar la buena noticia de Nuestro Señor, proclamar su mensaje en todo lugar y guiar a todos para fortalecer la fe. En el marco de la ordenación se dio a conocer el Himno de la Gran Misión Diocesana, “Sal de la tierra y luz del mundo”, cuya composición es del Padre Carlos Augusto, así como dice el himno es la realidad: “El mundo que está a oscuras va buscando un sentido/ solo encuentra basuras en este largo camino/ Hombres insatisfechos que desean ser felices/no saben lo que han hecho/ ahora se encuentran tristes/ (…) La vida nos cambió tenemos esperanza”… y estas siete antorchas son prueba de esa esperanza. Como dice Pablo en sus palabras finales en 1 de Tesalonicenses “hay que tenerlos en alta estima, ser considerados con los que trabajan arduamente entre nosotros y nos guían y amonestan en el Señor, hay que amarlos por el trabajo que hacen”.
La decisión que estos jóvenes tomaron además de mostrar una vocación y amor por Jesucristo también nos muestra el amor por todos nosotros ya que eligen renunciar al mundo y lo que esto implica, siendo esto prueba suficiente del gran corazón que poseen, un amor tan grande, único y verdadero como el de Dios hacia nosotros, que entregó a su hijo unigénito para la salvación de nuestros pecados.
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