Hálito
Ernesto Páez
Vapor que arroja una cosa. Aliento que sale por la boca. Soplo apacible del aire. En las tres frases anteriores observamos palabras que por sí solas dan un enorme hálito a las expresiones en las cuales actúan: arroja, sale y apacible. Como funcionan éstas en los actos que diariamente realizamos, detengámonos un poco para poder analizar su incumbencia en los diálogos cotidianos que realizamos. Cuando expresamos “arroja”, esto inmediatamente nos pone en una posición de: lanzar, enviar, dirigir, esgrimir, evadir, golpear; se lanzan a cada instante improperios, para descalificar a un individuo en particular; ofensas, para alterar el estado de ánimo de la persona, intentando sacarla de casillas, para que responda y con ello justificar una expresión determinada, en contra de éste; diatribas, por lo general expresiones virulentas injuriosos contra personas o grupos sociales, pretendiendo descalificarles; dardos, pequeñas formas de zaherir, como especie de tábano; discriminaciones, esto sí que es deplorable, pero que ha hecho carrera en nuestra época, para contrarrestar el avance de algunas personas o colectivos que pretenden incursionar en el ambiente humano, social o político de una nación; señalamientos, en la mayoría de las cosas sin fundamento de ninguna clase, solo para ocasionar malestares quien se endilgan. “Sale”, para indicar la intolerancia de algunos individuos, quienes en ocasiones para conseguir sus cometidos, vociferan en tal forma tan ponzoñosa que hiere profundamente los sentimientos del afectado, originando reacciones incontrolables; por ello es importante medir las consecuencias de las palabras que salen de nuestra boca, pues en la más de las veces éstas son lanzadas con ira cuando en realidad solo se piensa manifestar aquello que se encuentra oculto en el corazón, de allí la importancia de medir aquello que se pretende manifestar, para no causar dolor ni menosprecio o indiferencia; apacible, su solo escrito lo es, qué bello que se pueda al igual que el aire, cuando lo es apacible, refrescar, aminorar la intensidad del calor, refrescar los estados de ánimo alterados y cubrir de limpieza espiritual todo a nuestro ambiente para conseguir sosegar los espíritus alterados. Pensamos que se hace necesario, es especial en este momento de la historia donde prospera la antipatía, el odio, la injuria y en fin, todo aquello que pone de relieve la capacidad destructiva del hombre, contemplar un nuevo amanecer en el cual todos podamos mirarnos a la cara sin necesidad de pensar que a quién le dirigimos la mirada en un enemigo potencial, por el contrario, veámoslo como un amigo, no potencial, real que busca en su semejante alabar la grandeza de la naturaleza y de su Creador, qué hermoso fuera, qué delicia poderlo siquiera reconocer, en fin seguro que alguien podrá así sentirlo, posiblemente más de lo que se piensa. Dejar de lado todo aquello que nos ata a la mediocridad, hemos de asumir una postura determinante frente a lo que pienso, independiente de asumir el pensamiento de otro, negarse a tomar partido en contra de otro por el solo hecho de que en especial alguien en particular lo menosprecia, cada quien tiene para cada cual su importancia y ésta se la da quien asume con responsabilidad, candor y seguridad esta apostura, ha de evitarse posicionarse, como “ cordero que se lleva al matadero” no señor, se ha de discutir las razones por las cuales se asume ésta o cual posición, frente a los fenómenos que a cada día nos atosigan. Estamos en la obligación de trabajar en la medida de nuestras posibilidades, por la construcción de una nación diferente, de una patria amable y de una sociedad justa, de lo contrario tendremos que llorar indescriptiblemente nuestra incapacidad, para encontrar vías de solución a las diferentes formas de ver las cosas.
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