Antonio María Araujo Calderón
A un año de la Operación ‘Jaque’
Antonio María Araujo Calderón
amaraujo3@hotmail.com

Pensé no escribir nada para este 2 de julio; pero como además en esta fecha también se cumple un año de la liberación de los quince secuestrados a cargo del Ejército, en una operación limpia, sin hacer un solo disparo, burlando todo tipo de estrategias de defensa que en la manigua de la selva organizan los guerrilleros de las FARC, me corresponde como un buen colombiano decir algo.

La ‘Operación Jaque’ pareció sacada de una heroica película de ciencia ficción, cada espacio, cada detalle, cada persona del operativo, cada elemento utilizado, cada rehén rescatado, obedecieron a un estricto libreto, que al menor sesgo hubiera puesto en peligro el éxito del proyecto. En el parte de victoria de las autoridades solo hizo falta decir que dejamos la torpeza ‘Chibcha’, para entrar en el selecto grupo de naciones que con inteligencia militar pueden burlar al terrorismo. Y pensar que la doble moral que guía nuestras actuaciones públicas, intentó nublar el éxito de esta liberación masiva por el uso de un peto distintivo de la Cruz Roja Internacional, que por fortuna la misma entidad se encargó de negar la relevancia del atrevimiento, debido al espectacular triunfo logrado.

Fueron quince familias, incluidas las de los tres extranjeros, las que hoy hace un año descansaron de la cruel presión sicológica de sentir a un ser querido muerto, estando éste vivo. Luego de 365 días de la estratégica acción, el país ha conocido intimidades del cautiverio. Por ejemplo, llama la atención el temperamento caprichoso, egoísta, desleal, inescrupuloso de Ingrid Betancourt Pulecio, quien hasta ahora venía posando de contestaria popular; nunca comprendí por qué la familia de Betancourt culpaba al gobierno, cuando era la guerrilla la que tenía secuestrada a Ingrid, ahora, luego de que el Estado la libera, sin arrodillarse ante la insurgencia, pensé que ella se quedaría en el país luchando por los que se carcome la selva, pero no, aparece su verdadera personalidad, cae redondita ante los agasajos, viajes de placer a playas con nuevos amigos, homenajes soportados en sus años de cautiverio, mas no en el trabajo contra del secuestro y se olvida que quiso ser Presidente de un país precisamente en el momento de mayor convulsión guerrillera, el año 2002.

Hoy conmemoramos esta fecha y ojalá hasta ahí llegue la celebración, que no nos acostumbremos a vivir del recuerdo de un éxito pasajero, como nos pasó en el fútbol, que empatamos a cuatro goles con Rusia en el Mundial del 62 y eso nos mantuvo vivos cincuenta años. Lo importante será que entre el poder de la sociedad civil y el Ejército colombiano sigamos presionando a la guerrilla para que no haya un solo secuestrado en nuestro país. Libertad.

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