Orlando Guerra Bonilla
Ricos, cínicos y pobres
Orlando Guerra Bonilla

El problema de la economía mundial que ha repercutido en la economía colombiana se ha agravado por la profunda crisis que ya lleva un quinquenio es de fondo y no de forma o meramente el resultado de una especulación bancaria. La esencia de la actividad económica está en crisis y el modelo económico está agotado. Más tarde o más temprano el crecimiento iba a detenerse, en la medida que se sustentaba en bases muy endebles tales como, los brotes del consumismo propios de las sociedades opulentas. Y no es como se quiere hacer ver que deviene y tiene origen conocido: el hundimiento delictivo de un gran banco en el Japón. Es indudable el Japón sufre las consecuencias en su bolsa, que se comunican a la de Nueva York y desde ellas al mundo entero. La internacionalización del dinero está conseguida para lo bueno y es lógico que le alcancen algunas catástrofes, que son pequeñas en relación a la masa de dinero real o invisible que se maneja. Este sistema de quiebras y de bolsas recae principalmente sobre el pequeño ahorrador, que es la mayoría cuyo pánico a su vez se refleja en las siguientes cotizaciones; según economistas, este efecto circular vuelve a recaer sobre él, pero nunca alcanza a las grandes colocaciones de capital, y apenas repercute en las monedas. Al recordar todas estas caídas de la historia, la del Wall Street en 1929, repercutió sobre las fortunas grandes y las clases medias, y cuando la ola llegó a Europa fortaleció fenómenos como el fascismo, el nazismo y sus emparentados, que se alzaron bases contra el proletariado al que pudiera atraer el sistema ajeno del capitalismo, el comunismo. Las lecciones aprendidas desde entonces han sido muchas, y no solo el fascismo sino que ninguna otra doctrina paralela o levemente parecida puede hoy atraer un movimiento de pánico o de reivindicación. Los 7.500 obreros parados en el Japón como consecuencia de esta quiebra no tendrán ningún frente al que acudir. Y en UnitedEstate ni siquiera es necesario buscar a un nuevo Roosevelt en asocio con Keyne que domine el capitalismo salvaje y lo convierta en capitalismo social, y descubra como entonces las ayudas mutuas y las del estado para las clases sociales desfavorecidas. Por el contrario, todo el mundo rico pretende suprimir o reducir esas ayudas. Por consecuente la crisis bursátil tendrá consecuencias políticas transitorias, y ni siquiera el país más directamente afectado por ella, como es Japón, saldrá seriamente perjudicado. Este breve resumen de lo que ha sucedido demuestra como entre el principio y el final del siglo se han asentado las bases de la economía del fuerte, ya denunciado en Davo.

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