Volvieron para sepultar su dolor
Colprensa
Bogotá
En una zona donde sólo se encuentra una fuerte humedad y un clima que sobrepasa los 31 grados centígrados. En una selva en la que el silencio sólo es interrumpido por las aves o el zumbido de los zancudos, allí fueron rescatados hace un año, el 2 de julio del 2008, once militares, tres contratistas estadounidenses e Ingrid Betancourt.
Para ese entonces el ruido de un helicóptero MI-17 rompió la calma y las cadenas del secuestro de los cautivos quienes permanecieron en poder de las Farc por más de 10 años.
Los once militares volvieron el martes al corregimiento Los Lindos, Guaviare, donde recordaron su último día de plagio, esta vez estuvieron acompañados por tres helicópteros Black Hawk. Así sepultaron el dolor del secuestro.
Los Lindos, está ubicado a 35 millas del suroeste de San José del Guavarie, la capital departamental y a 20 minutos en helicóptero, allí no se puede llegar por tierra. Si se quiere llegar a pie, se debe caminar 3 o 4 horas continuas para pisar un territorio que hoy en día aún es dominado por las Farc.
Está vez los once miembros de la Fuerza Pública entraron a las tierras de donde fueron rescatados, pero esta vez fuertemente escoltados. Cinco anillos de seguridad, cuatro helicópteros sobrevolando la zona y más de 20 hombres del grupo contraguerrilla rodeando el perímetro en donde se dio el engañó a las Farc, fueron las garantías para que los militares sepultaran definitivamente sus recuerdos de los 10 años de su cautiverio.
DIEZ AÑOS DE RECUERDOS Uno de los rescatados de la ‘Operación Jaque’, el más duro golpe a las Farc, el sargento viceprimero, William Pérez Medina, recordó que no quería subirse al helicóptero MI-17 de la supuesta misión médica que lo llevaría de vuelta a la libertad después de 10 años de torturas y malos tratos.
“Hace un año estaba en está selva corriéndole al Ejército, y hoy veo que todo está tranquilo. Cuando venía volando sentí lo mismo que debieron sentir quienes nos rescataron y pensé, ¡qué tal que se caiga el helicóptero y quede otra vez secuestrado!” dijo Pérez segundos después de reencontrase con la zona por donde pasó su última noche en cautiverio.
Pérez no quería subirse al MI-17 ese dos de julio. Según él de hacerlo lo debían amarrar, él junto con Ingrid Betancourt se negaban a la solicitud de los hombres de inteligencia de las Fuerzas Militares colombianas que llegaron hasta la zona para el rescate.
Cuando se bajó del helicóptero, Pérez sintió el temor de las cadenas que lo acompañaron durante 10 años.
Esta vez el sargento, junto con sus otros diez compañeros, se inclinaron mirando al cielo y haciendo con los dedos tres cruces en símbolo de agradecimiento con Dios, gritaron “¡Bienvenidos a la Libertad!”.
UNA APARENTE CALMA De ahí en adelante todos se dispersaron en la zona, los sonidos de las cámaras fotográficas se hacía sentir, las preguntas de los corresponsales se escuchaban más de lo común, en una franja donde sólo prima el silencio.
“Estoy muy emocionado de estar aquí, nos hacía falta vivir esto. Reconozco totalmente el sitio. Yo creo que uno termina quemando definitivamente los recuerdos de esos 10 años de su vida en manos de las Farc”, contó emocionado pero a la vez lleno de nostalgia el sargento Pérez.
Por su parte, el sargento Erasmo Romero, otro de los uniformados, relató que la primera imagen que le llegó este martes se dio tan pronto se bajo del helicóptero “en está selva se fueron diez años de mi libertad, perdidos sin hacer nada y con las cadenas al cuello, aguantando hambre sufriendo y padeciendo duras enfermedades”.
“Aquí terminaron esos fatídicos diez años”, dijo Romero en tono de desahogo por todo lo que significó para él las largas torturas de las Farc.
La travesía duro sólo 24 minutos el mismo tiempo que se gastó la ficticia misión médica que logró el rescate.
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