Oikos
Jose Gregorio Diaz
Josegre71@terra.com
En mi columna anterior escribí sobre lo importante que es para nuestras actividades diarias en el campo o la ciudad la protección, restauración y conservación de los bosques de niebla, como factorías productoras de agua. No es un cuento de hadas, ni una realidad advertida que si estos desaparecen nuestra apreciada situación de seguridad hídrica se constituye en una inseguridad de consecuencias catastróficas para nuestro nivel de vida. El líquido preciado sucumbirá ante nuestro continúo oprobio contra la naturaleza. Pero esto parece ser un problema menor para todas las partes que tienen responsabilidades en el tema; el último fenómeno del niño dejó pérdidas cuantiosas en Colombia y de estas, más del 55% se reflejaron en la llanura Caribe. Nuestros macizos montañosos, como nuestra Sierra Nevada y la Serranía del Perijá son dos de los sistemas montañosos que más demuestran pérdidas en bosque de niebla y obviamente sus caudales de agua se han visto terriblemente afectados. Gremios como la SAC y el prestigioso centro de estudio y análisis Fedesarrollo han pronosticado a través de estudios serios y bien fundamentados, que este año 2010 es el año que da fin a la comida barata en nuestra despensa alimenticia. No solamente se fundamentan en los ya conocidos y martillados problemas de acceso al crédito o de los cuellos de botella en la comercialización de los productos agrícolas, sino que hacen mucho hincapié en las consecuencias del fenómeno del niño en la superficie agrícola que tiene riego.
Los dos modelos de agricultura que coexisten en el país están llamados a sufrir una fuerte contracción en área cosechada, en rendimientos y hasta en el optimista crecimiento que el Ministerio de Agricultura siempre ha insinuado. Las heladas en la sabana de Bogotá ocasionan pérdidas en la cosecha de papa y el precio amenaza con posicionarla como un producto inaccesible para las clases populares, además todas las hortalizas y verduras de tierra fría, se contagian de la misma situación que el apreciado tubérculo. Pero la terrible sequía y fuertes temperaturas que se soportan en la tierra caliente, tiene desilusionado a la mayoría de campesinos a llevar a cabo su ritual de siembra en el venidero mes de marzo. Usted se imagina para una ciudad como Valledupar, netamente compradora de alimentos en zonas alejadas, golpeadas por el fenómeno del niño, como se comportará el nivel de precios de los alimentos. Está bien que este fenómeno sea cíclico pero cada vez su duración en tiempo y consecuencias son de mayor fuerza para afectación de nuestras vidas, no se entiende cómo un país con marginalidad a la planificación de todas las cosas, no comienza a revisar su política de acción y reacción hacia las fábricas de agua si ya está demostrado es un problema de índole público y de bienestar.
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