Editorial
Valledupar, Colombia
Miercoles, 20 de Enero de 2010
Ernesto Páez
460
Ernesto Páez

Guarismo que por sí solo no dice nada, una cifra fría, sin ningún aliciente, exclusiva para indicar una acumulación de elementos que corresponderían a los de un conjunto numérico o de cualquier índole, que en nuestra particular economía podría significar: hectáreas sembradas, toneladas, toneladas métricas logradas en la actividad productiva del agro, como por ejemplo de cereales, número de cabezas de nuestro hato ganadero, miles de millones de pesos acumulados por las deudas de los agricultores con el sector financiero, kilómetros en carreteras que requieren atención o reparación, cantidad de camas para hospedar a los visitantes, que de paso, sea dicho, cada año son más, los predios que modernizan la ciudad, demanda en kilovatios/hora de energía eléctrica, tarifa por metro cúbico del servicio de acueducto, estudiantes por centro educativo, cuales otras cosas más. Pero cuando se refiere a la efemérides de una ciudad tan hermosa, placentera, señorial, con gente tan especial, bulliciosa, encantadora, con unas residencias propias para conservarlas en la memoria arquitectónica de la comunidad, radiante de alegría, buen humor, acogedora, donde quien la visita regresa por verdadero aprecio y gusto de gozarla, es otra cosa. Toma una dimensión incalculable, pues no deja de sorprendernos cuál ha sido su crecimiento, su modernidad, sus magnificencia para acoger a todos aquellos que han resuelto hacerla su domicilio permanente, como de participar en la gestión de un crecimiento económico al colaborar en la organización de empresas de servicios la mayoría: tiendas de barrio, supermercados, talleres de: rectificación de motores, industriales, mecánica, etc., y más recientemente de tecnología de punta. Todo esto permite observar cuál noble es esta tierra, cómo está dispuesta al crecimiento productivo y al desarrollo de sus raizales; aquí oteamos como se requiere del concurso de otros, y esos otros necesariamente vendrán de fuera, para contribuir con su conocimiento o su experticia a alcanzar el tan cacareado desarrollo económico que permita a sus ciudadanos mejorar sus condiciones de vida. Entonces estos 460 años, que para una ciudad o una civilización son como la infancia de los humanos, han de permitir, no solo disfrutar las celebraciones que con tal motivo se realizan, sino reflexionar por un instante cuál es la ciudad que anhelamos en el futuro inmediato, cómo serán sus servicios públicos, urbanización, organizaciones productivas, líderes, sus ciudadanos, qué clase de educación se ha de impartir a los estudiantes que asumirán muy pronto la administración de la economía local, regional o nacional, cuál ha de ser la organización familiar, valores que han de ser los cimientos de esa sociedad del futuro; qué rumbo tomar en materia de transporte, terminales, combustibles, fuentes de energía, modelo de desarrollo económico, sectores en los cuales se realizarán las inversiones públicas y privadas; cuál la motivación para conquistar inversión extranjera, en qué forma se utilizará el tiempo libre de los ciudadanos, hacia dónde tenderá la ciudad y cómo responder a esa expansión en materia de demanda, todo un collar de perlas para poderse solazar y formular múltiples proyectos. Pero estos han de iniciarse ya, pues como dice el viejo tango “veinte años no son nada”, e indefectiblemente hemos de responder al esfuerzo realizado por las 23 generaciones que nos precedieron, dando algo digno, para que puedan entretenerse las próximas. ¡Valledupar feliz cumpleaños¡

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