Editorial
Valledupar, Colombia
Martes, 9 de Febrero de 2010
Antonio María Araujo Calderón
El homenaje a Escalona
Antonio María Araujo Calderón
amaraujo3@hotmail.com

Su grandeza lo hace merecedor de todos los homenajes. No fue necesario que la muerte se posara en su cama invitándolo a la eternidad, para que el reconocimiento mundial escribiera la letra de sus canciones en la nube que sostiene la Casa en el Aire; de hecho, en vida el maestro Rafael Escalona Martínez gozó de todo tipo de reconocimientos, el mismo Festival Vallenato, nuestro máximo evento folclórico y que hoy se apresta a homenajearlo, ya en otra oportunidad lo había destacado.

O sea que las distinciones, que fueron muchas y de todo tipo, ahora póstumas, deben tomar la trascendencia de la perpetuidad del tiempo. Surgieron ideas en este sentido, como la de rebautizar el aeropuerto de Valledupar con el nombre del que la ausencia de un gran amor lo llevó a componer Honda Herida. Enseguida se dividieron opiniones, incluso las de sus más cercanos familiares, porque a la simbología histórica no se le puede imprimir la dinámica de la actualidad, quitando y poniéndole nombre a sitios públicos al vaivén de que vayan surgiendo míticos personajes, que con su genialidad dibujan la historia contemporánea. Es esta la razón por la que en casi todos los municipios de Colombia aún se mantiene una plaza con el nombre de Simón Bolívar.

Lo mejor entonces será escoger nuevos espacios para escribir el nombre de los que protagonizan la crónica moderna de los pueblos. En este sentido conversaba con el odontólogo y artista guajiro Amilkar Ariza, el que esculpió la majestuosa estatua del ‘Pibe’ Valderrama y La Pilonera Mayor, próxima a hincarse en nuestra capital, y me sembró la inquietud que ojalá sea materializada por los mandatarios de turno. Se trata de construir una gran plaza en el lote donde funcionaba la sede del Ministerio de Transporte y que al día de hoy solo recuerda los estériles enfrentamientos entre poderes.

En ella, en la Plaza Rafael Escalona de Valledupar, además de un imponente busto del hombre que llevó al pentagrama todo tipo de amores, se construirán locales comerciales en los que funcionarán tabernas, restaurantes de gastronomía típica y almacenes de todo tipo de elementos particulares de la cultura del mundo vallenato. Este será un sitio de encuentro para mitigar la monótona cotidianidad con algo de folclor. Al mejor estilo de la Plaza Garibaldi de Ciudad de México, allí también se encontrarán conjuntos vallenatos prestos a amenizar una parranda o acompañar una serenata.

Ese sí sería un verdadero homenaje. Esperamos que el folclor refrende su grandeza al lograr la ejecución de esa imponente obra.

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