El agua: ¡qué calamidad!
Pedro Perales
En cuarenta y un años que llevo de haber llegado a esta mítica tierra, nunca había sentido la preocupación que genera saber que el agua es un recurso natural que está en vías de extinción. Tampoco había vivido la situación que se debe enfrentar cuando al abrir el grifo sólo oímos el lamento de la presión que quedó en las entrañas de las tuberías ante la ausencia de ese líquido imprescindible para la existencia de los seres vivos.
Venía nada menos que del municipio que se bañaba con el encuentro de dos corrientes fluviales caudalosas, El Cesar y El Magdalena, en cuya intersección se construyó el acueducto, y al frente de los mismos se levantaba el emblemático tanque elevado, que se veía a kilómetros y que almacenaba entonces una de las mejores aguas potables del país. Me refiero al Banco, beneficiado por la naturaleza con esas dos corrientes de agua, a las que por las noches los remeros de Guillermo Cubillo les “arrancaban un melódico crujir de hermosa cumbia”.
Cuando me fui a Barranquilla en busca de la educación superior, sufrí los rigores de no tener agua en la mayor parte del día. Algo inconcebible para mí teniendo al frente el majestuoso Río Grande de la Magdalena, que ya traía en su vientre las aguas del Cesar y que pasaba saludando a La Arenosa rumbo al mar Caribe. Pero al final nos acostumbramos a madrugar para bañarnos con un recipiente al lado de un tanque, que debíamos llenar cuando el agua, tibia, hacía su aparición a tales horas, que eran las mismas que duraban para llenarse aquel. Imagínense; nosotros, los vallenatos, que procedíamos de una ciudad en donde el agua no solo era helada si no que apenas había que medio abrir la pluma, pues la fuerza del chorro que salía casi nos estrellaba contra la pared del baño.
Evoco aquellos días en mi tierra y lo que era Valledupar hasta hace pocos años, para pedirle explicación convincente y verdadera a quienes tienen a su cargo la dirección de EMDUPAR, sobre las reales causas de lo que ya es una calamidad entre la comunidad, por la ausencia del agua durante días y noches que está afectando a la ciudad, en casi todos los sectores.
¿Por fin colapsó nuestro sistema de acueducto, que de tiempo atrás viene dando muestras de debilidades en su funcionamiento cuando asoma cualquier leve lluvia? ¿Qué tan crítico es el estado de nuestro río que abastece el acueducto? ¿Es cierto que la ausencia del líquido es producto del mal tratamiento de este a falta de químicos para bajarle su turbiedad? ¿Qué planes alternativos se están implementando para corregir tales fallas? ¿O, para mayor preocupación, se está permitiendo la extensión de esta anomalía para volver a lo de la privatización?
La administración municipal tiene la palabra y merecemos respuesta.
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