Oikos
Jose Gregorio Diaz
Josegre71@terra.com
¿No es asombroso que en pleno proceso de elección de nuestros parlamentarios, aparezca en boca de éstos toda la solución a los problemas que nos aquejan? Desde el acceso a los servicios básicos hasta la falta de oportunidades para los jóvenes, abarcando el mototaxismo, acceso al crédito y el fenómeno de El Niño; no han dejado sin escudriñar una necesidad general cuya solución propuesta les pueda generar los anhelados votos. Lástima que una vez el pueblo los elige y se trasladan a trabajar a Bogotá, se les olvidan con sorprendente velocidad las soluciones prometidas y se dedican al apaciguamiento de los problemas de todos sus votantes. ¿Acaso no sorprende que a pesar de que estamos de lleno en la era de la competencia y la libertad de mercado, vivimos asfixiados porque los servicios públicos nos llegan aún con el cobro del consumo mínimo y las empresas prestadoras de estos servicios abusan sin ningún tipo de control por parte del Estado? Pagamos por nuestra movilidad los peajes más caros del mundo, la educación universitaria se está constituyendo en un servicio de lujo y la pobreza le gana mucho terreno al bienestar; nuestras ciudades están rodeadas de cinturones de miseria y se pronostican graves problemas en seguridad alimentaria por los fenómenos climáticos. Nuestros representantes y senadores no tienen un propósito claro y sostenido que los identifique del por qué representarnos en el honorable Congreso de la República. Desde hace mucho tiempo perdieron el protagonismo y la entereza de velar por los intereses de la comunidad que representan, tienen fama de que una vez se instalan en su curul, sufren de amnesia y ceguera por los siguientes treinta y seis meses, justo cuando inician una nueva campaña electoral. Como se quejan que una sociedad empobrecida, carente de verdaderas soluciones a sus problemas y conocedores de que el aparato Estatal es el único que puede brindar algún tipo de solución brinde apoyo a candidatos de otras partes del país. Pero el sistema no es que nos ayude mucho, pues nosotros no elegimos a nuestros congresistas por el apego a sus ideas, muchas veces elegimos al ejecutivo y no le apoyamos en procurar rodearlo de su gente para trabajar, creando una fuerte desilusión al término del resultado; para la muestra solo basta observar el ejercicio de coadministración entre nuestro gobernador y la asamblea. Ahora imaginemos elegir a Fajardo o alguno de los tres mosqueteros del partido verde o cualquier otro sin que sus simpatizantes convencidos le voten por sus listas. Seguiremos en el triste ejercicio de comprar conciencias con el plato de lentejas. La propuesta del Ministro del Interior, Fabio Valencia, no debe desecharse del todo, sería interesante adoptar el modelo de las democracias indirectas para exigir más de los partidos y sus componentes, como también de nosotros.
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