Si se desea ser una persona productiva, es necesario convertirnos en inteligentes emocionales. La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. El término fue popularizado por Daniel Goleman, con su célebre libro: Emotional Intelligence, publicado en 1995. Goleman estima que la inteligencia emocional se puede organizar en cinco capacidades: conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación y gestionar las relaciones.
Las conexiones existentes entre la amígdala (y las estructuras límbicas) y el neocórtex, constituyen el centro de gestión entre los pensamientos y los sentimientos. Esta vía nerviosa explicaría el motivo por el cual la emoción es fundamental para pensar de forma eficaz, tomar decisiones inteligentes y permitirnos pensar con claridad. La corteza prefrontal es la región cerebral que se encarga de la memoria de trabajo. Cuando estamos emocionalmente perturbados, solemos decir: "no puedo pensar bien". Este ejemplo permite explicar por qué la tensión emocional prolongada puede obstaculizar las facultades intelectuales de cualquier persona y dificultar así su capacidad de aprendizaje y de acción. Las personas impulsivas y ansiosas, a menudo desorganizadas y problemáticas, parecen tener un escaso control prefrontal sobre sus impulsos límbicos. Este tipo de personas presenta un elevado riesgo de problemas de fracaso social, alcoholismo y delincuencia, pero no tanto porque su potencial intelectual sea bajo sino porque su control sobre su vida emocional se halla severamente restringido.
Las emociones son importantes para el ejercicio de la razón. Entre el sentir y el pensar, la emoción guía nuestras decisiones, trabajando con la mente racional y capacitando o incapacitando al pensamiento mismo. Del mismo modo, el cerebro pensante desempeña un papel fundamental en nuestras emociones, exceptuando aquellos momentos en los que las emociones se desbordan y el cerebro emocional asume por completo el control de la situación. En cierto modo, tenemos dos cerebros y dos clases diferentes de inteligencia: la inteligencia racional y la inteligencia emocional y nuestro funcionamiento vital está determinado por ambos. Es por eso que debemos armonizar nuestras emociones con los pensamientos, para estar a plena capacidad de explotar nuestro talento creador para diseñar el plan que nos conduzca al éxito personal, que nos permita aportar al bienestar social. Dicho de otra forma, es menester desarrollar nuestra inteligencia y generar una actitud productiva para alcanzar una mejor calidad de vida particular, que sea la plataforma de una sociedad equilibrada en todo sentido.
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