Cada que en la martirizada Colombia ocurren cosas inverosímiles es imposible no recordar la obra emblemática de Camus, en particular la de El Extranjero. Y de las entrañas de esta sacar a Meursault, no solo para medir al hombre que desnuda a una sociedad angustiada, en donde la carencia de sentido moral rige la vida de un todo social, sino para asombrarse ante el hecho de que en esa sociedad se condene a un hombre por no llorar en el sepelio de su madre en vez de por ser un asesino.
El caso tiene que ver con el cuestionado proceso electoral en el que salió elegido el actual Concejo del municipio. Pues al final todo indica que pese a demostrarse que el evento no fue del todo trasparente, porque a dos candidatos al cuerpo edilicio le escamotearon su triunfo, un fallo final de un magistrado no dijo que lo actuado fue un fraude, sino que el procedimiento del principio de la querella provino de una instancia carente de competencia.
Es decir, que estaríamos ante un Concejo en el que hay representantes jóvenes, en algunos de los cuales he participado en su formación académica, y sé de sus ganas de trabajar por Valledupar.
Ello no quiere decir que ante la ciudadanía se presenten una serie de inquietudes y dudas sobre estos dos hechos que acaban de ocurrir en nuestra ciudad. Uno es sobre la idoneidad de nuestros jueces y magistrados, encargados de administrar justicia. En particular en el de los que tuvieron a cargo el mencionado suceso. De hecho llama mucho la atención la del juez que anuló el primer fallo e, inmediatamente después, revocó el propio. Para terminar esta novela con el que le dio vida a todo lo actuado en el proceso electoral, desconociendo el fallo de primera instancia por falta de competencia.
El otro es sobre la Espada de Damócles que pende sobre el ente coadministrador del municipio, que tendrá que actuar con el halo de unos escrutinios que no han convencido y que por el contrario ponen en evidencia la creencia de que el nuestro es un sistema electoral viciado.
Lo que indica que hay que acudir a las máquinas, en vez de a los hombres, para el proceso eleccionario.