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Columnistas
Lunes 06 de Feb de 2012 - 06:52 pm
De la guerra y sus muertos
Cada vez que los actos de guerra afectan a los habitantes de las ciudades, es que nos damos cuenta que, efectivamente, aquella lo que produce son muertos. Y, también, que además de ser dura y cruel, la guerra, en todas las latitudes y en todos los géneros ocasiona el mayor de los daños entre los civiles. Destruye pueblos y mata seres humanos indefensos.

Durante los dos conflictos bélicos mundiales, en el segundo más que en el primero, casi el 80 por ciento de las víctimas fueron ciudadanos no combatientes: hombres y mujeres; niños y ancianos. Durante la oprobiosa guerra criminal de los Estados Unidos contra Vietnam ocurrió algo parecido. En la guerra injusta, violenta e irracional, que las potencias occidentales, con USA a la cabeza, libran contra los pueblos asiáticos de Irak y Afganistán, e incluso Pakistán –“por equivocación”-  entre el millón de muertos que deja, el noventa por ciento  son civiles. Disque para salvar a los libios de la “tiranía” de Gadafi, con la complicidad del Consejo de Seguridad de la ONU, otra vez occidente masacró comunidades enteras de civiles en nombre de la paz y la democracia.

Pero sobre todo, la guerra y quienes la agencian y propician desbordan el cinismo e incurren en el maniqueísmo al caracterizarla como buena o mala dependiendo de la óptica desde que se la mire. Conociendo sus efectos y secuelas pretenden ignorar que esta es el peor de los inventos del hombre. Y que ante cualquier indicio que amenace edificar una, de la naturaleza que sea, lo racional y lógico es cerrarle el paso apelando al sentido común y a la razón. Es decir, que se difunde la tesis de que como es el hombre quien la inventó, mientras exista, la guerra será siempre una opción para imponer la fuerza sobre la razón a punta de balas y de bombas.

Y así, a sabiendas de que el monstruo de la guerra destruye y mata a quienes no participan en ella, los mercaderes de la muerte, aprovechando la inteligencia humana, han preferido la sofisticación de las armas, con la torpe entelequia de que estas solo maten al enemigo, y le cargó a aquellas una condición solo única del hombre: las armas inteligentes.

En la guerra interna de Colombia, la semana pasada se volvió a confirmar la crueldad de la misma. Armas inteligentes versus armas rudimentarias. Unas que flagelan el campo y otras que destruyen ciudades y pueblos. Que matan inocentes.
Publicada por
Pedro Perales
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