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Columnistas
Lunes 13 de Feb de 2012 - 06:32 pm
Hechos y realidades
Los sucesos del Palacio de Justicia siempre estarán en la memoria de los colombianos, porque, también, fueron parte del espectáculo mediático que entonces comenzaba. No era lo mismo en aquella época prohibir transmisiones audiovisuales, por aquello de la libertad de expresión, como sí es un pecado capital hacerlo hoy. Por eso Nohemí Sanín, siendo Ministra de Comunicaciones, prohibió la continuación de la transmisión del horror que ese día observábamos. El de un Palacio ardiendo en llamas -con decenas de compatriotas dentro- y una tanqueta del ejército bombardeándolo de manera inclemente y despiadada, pero ya era tarde. Lo mismo que calló a Gossain cuando, como a las tres o cuatro de la tarde, cuando todo había sido consumado y consumido, narraba la salida, vivos de aquel infierno, de Jackin y Almarales,  jefes de la toma por parte del M-19.  

Y se pensará, viendo todavía las imágenes hoy, que los únicos malos de aquella tragedia fueron el Coronel Plazas, el de la famosa frase, ante la pregunta insidiosa de algún periodista, “aquí, defendiendo la democracia maestro”, y sus comandados. Porque el accionar de los “mecánicos” fue por dentro, pero antes de llegar a su objetivo final ya habían dejado por el camino su estela de servidores públicos muertos. Y porque para entonces no existían las cámaras de televisión, que pudieron haber dado algún testimonio interior de lo que hoy parece se hubiera tragado la tierra: los responsables del sacrificio de más de un centenar de colombianos y la verdad sobre la existencia de la docena de desaparecidos, que no han sido encontrados ni vivos ni muertos.

Ningún otro acontecimiento, de los muchos luctuosos que han hecho la anti historia en el país, nos duele más a los colombianos que el martirologio del templo de la justicia. Y es por que asistimos impotentes, ante la pantalla de los televisores y la voz en la radio de Amat y Gossain, al sacrificio de quienes, como el doctor Reyes Echandía, murieron clamando la salvaguarda del derecho a la vida, pero quienes tenían la posibilidad de hacerlo desde afuera ignoraron el pedido y dejaron que todo transcurriera como quienes fueron a su rescate consideraron. Y no llegará el olvido ni sanarán las heridas, mientras no se sepa de los desaparecidos, ni quienes fueron corresponsables de la tragedia reconozcan que se equivocaron y cometieron errores y delitos.
Publicada por
Pedro Perales
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