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Columnistas
Lunes 20 de Feb de 2012 - 08:02 pm
Otra vez el carbón
Primero fue La Jagua de Ibirico, y en las violentas protestas de la población hubo un civil muerto. Después, y nuevamente la semana pasada, le correspondió al municipio de El Paso: esta vez, en la segunda ocasión, la muerte fue de un servidor público adscrito a la Policía.

Lo de las dos comunidades cesarenses, que viven lo que para sus pobladores ha significado un drama, es la continuación de la ola de protestas que se llevan a cabo en toda América Latina, en donde las multinacionales adelantan la explotación a gran escala del carbón. Porque contrario a lo que se piensa, y que debería ser lo correcto, si los países comprometidos con estas en los procesos de extracción de dicha riqueza ejercieran verdadera soberanía, en lugar de desarrollo y prosperidad para las poblaciones cercanas a dichos lugares, estas son áreas degradadas y empobrecidas. Y la única herencia que hoy inventarían son las consecuencias de orden ambiental, la enorme crisis social, económica y política.

Según el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina, citado por la doctora Imelda Daza Daza en una interesante columna publicada en el diario El Tiempo del 16 de Febrero, en la actualidad hay 120 conflictos que afectan a más de 150 comunidades en el subcontinente, entre los que figuran México, Perú y Chile. Como en la Guajira y en El Cesar, foco de la última protesta, las causas son las mismas que se presentan en aquellos lares: “comunidades desalojadas arbitrariamente de tierras que han habitado desde siempre, altísimos niveles de contaminación ambiental, agotamiento de recursos vitales como el agua y la tierra, y escasa generación de empleo”. A lo anterior, en el país se le suma la siguiente desgracia, que es el saqueo que de los pocos recursos que dejan las multinacionales, hace la clase política y dirigente de esos lugares, a la que se le agregan las disposiciones de la Ley de Regalías promovida por el actual gobierno como respuesta a la corrupción.

Lo de las explotaciones  mineras, llámense de la Guajira o del Cesar, no son otra cosa que el resultado, según los conocedores de la materia, de un mal modelo de desarrollo que por donde ha pasado, desde siempre, pero hoy con más inclemencia, “genera conflictos, atropella y desestabiliza a las comunidades, las empobrece y las enferma”, por lo que la minería, una de las locomotoras del desarrollo, es depredadora.
Publicada por
Pedro Perales
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