Escuchar al secretario de Gobierno municipal, Carlos Felipe Quintero Ovalle, interviniendo en la sala de sesiones del Concejo de Valledupar, solo deja una vez más al descubierto la urgente responsabilidad de emprender acciones eficaces, si queremos que nuestra capital no se convierta en tierra de nadie, donde campee el delito y reina la anarquía.
No hay tiempo de mirar por el retrovisor administrativo y limitar su gestión a culpar a gobiernos anteriores sobre caóticas situaciones que nuestra sociedad no ha podido superar. La mentalidad del funcionario debe estar direccionada a convertir frustraciones en retos, que de cumplirlos se constituirán en la puerta a la inmortalidad.
Por esto, los temas que aún están en el tintero de la negligencia deben ser dibujados en el lienzo de la eficiencia. Nuestra capital necesita un Secretario de Gobierno que trabaje incansablemente para erradicar la tugurización de la ciudad, hoy plagada de invasiones, sin aparente solución para los invasores o para los dueños de la tierra.
Necesitamos un líder civil en los Consejos de Seguridad, proponiendo, acompañando y evaluando el resultado de las estrategias policivas, sin solo centrarse a comparar las tasas de homicidio, atracos, hurtos callejeros, fleteo e incluso suicidios de este año con los del anterior, porque muy seguramente las cifras actuales saldrán perdiendo apenas corridos los primeros 45 días.
Valledupar requiere de un funcionario diligente que reactive el contrato del 1, 2, 3; que haga respetar el espacio público, que fortalezca los mecanismos de participación y veedurías comunitarias formando líderes, que conmine a los dueños de lotes de engorde a limpiarlos y en el mejor de los casos a construir, para que no sigan emparchando la ciudad con problemas de seguridad, ornato, salud pública etc., mientras en otros escenarios dicen quererla.
El espacio es corto y con seguridad faltan muchas cosas por nombrar, pero lo importante será que el secretario tenga bien definido el rumbo de su sectorial, trabajando arduamente para demostrar que, aunque sin experiencia administrativa, después que se tengan las ganas se pueden lograr grandes realidades.