Son varios los días que lleva el Departamento del Cesar sin expendio de gasolina y ACPM legal, y las actividades cotidianas continúan desarrollándose como si no pasara nada. O sea que el resultado de la protesta de los expendedores minoritarios legales solo ha servido para confirmar que las estaciones de servicio realmente no son el motor carburante que mueve la economía local.
Dicha realidad está sacrificando individualmente a los propietarios y empleados que derivan su sustento de estas empresas, pero en mayor proporción el ocaso financiero es para los entes territoriales, quienes no contarán con los recursos de la sobretasa a la gasolina para invertirlos en el mantenimiento de la infraestructura vial de los poblados.
Con este panorama sombrío para el comercio legal de combustibles, se esperaba que el alto nivel del gobierno nacional mirara hacia el Cesar, no para venirle a hacer el favor a los dueños de gasolineras reprimiendo el contrabando, sino para estudiar integralmente la problemática socioeconómica de la región y plantear un arreglo, que sin su apoyo y acompañamiento no tendrá ningún futuro.
Desafortunadamente no es así. Las visitas prometidas por funcionarios con poder de decisión, léase Ministro de Minas o Viceministro, se diluyen en jeringonzas de empleados de segundo nivel, más parecidas a la retórica para sofocar una protesta que a la presentación de verdaderas opciones de solución a una problemática silenciosa, mientras los cupos adjudicados a cada estación de servicio no llegaban a Valledupar y que en vez de pérdidas producían el enriquecimiento de los empresarios legalmente constituidos.
Quisiéramos ver a una clase parlamentaria cesarense activa, no solo esporádicos destellos con discursos más defensivos que como agentes de gestión, unidos, remando coordinadamente a favor del desarrollo regional.
Decididos a trabajar por el pueblo que los eligió, alzando la voz del Cesar hasta el alto gobierno, citando ministros en comisiones y plenarias, exigiendo la atención integral a un flagelo, que aparte de la ruina económica de empresas e instituciones, va dejando secuelas intelectuales en niños y jóvenes sin opción diferente al frívolo goce de una bonanza. Para reflexionar.